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Telenovelas turcas: la Turquía de las mujeres

Analizamos el fenómeno de las novelas turcas que los canales temáticos Nova y Divinity están trayendo a nuestras pantallas y nos centramos en dos casos paradigmáticos: “Fatmagul” y “Amor prohibido”

Dicen que el éxito viene, no cuando queremos, sino cuando menos lo esperamos, pero también es cierto que siempre hay que esperarlo trabajando y perseverando en aquello que nos motiva. Los enormes triunfos de audiencia que las telenovelas turcas llevan cosechando en el mundo en lo que llevamos de tercer milenio, no son en absoluto fruto de la casualidad, sino que vienen de lejos. Pues al igual que los sultanes del Imperio Otomano ponían especial afán en recoger y reelaborar las influencias artísticas de aquéllos lugares que conquistaban, cultivando las artes de todo tipo con absoluta exquisitez, los turcos contemporáneos han sabido adaptar los exitosos culebrones sudamericanos y las series norteamericanas a su propia idiosincrasia y modus operandi. Han demostrado una vez más que la imitación de formatos es un procedimiento encomiable cuando la copia supera incluso al original y esto es lo que los turcos han conseguido con notable maestría en un gran número de sus producciones.

Las telenovelas turcas nos narran una realidad que combina el peso de su importante tradición con las tendencias del mundo contemporáneo. Foto: óleo de Osman Hamdy Bey (1842-1910).

Para muchos de nosotros, aunque pudiéramos tener una idea del enorme acervo cultural del país, tanto por haber visitado Turquía en el pasado, como por las referencias que nos han llegado a través de los libros y la televisión, el fenómeno presenta un innegable factor sorpresa. Especialmente porque en este formato de ficción se nos revela una realidad absolutamente contrapuesta a la imagen que Turquía pueda transmitir en el terreno político que es, en definitiva, lo que nos llega en el día a día a través de las noticias, casi siempre plagadas de inputs negativos. Esta Turquía que aparece en las telenovelas es una muy diferente a la sociedad conservadora y polarizada que imaginamos o que, a veces nuestros prejuicios y desinformación han alimentado. El caso es que, quizás conscientes de esto, las productoras turcas han dado un paso adelante y han sabido administrar temáticas de ficción universales abordando todos los temas (o casi todos) sin llegar a ser perturbadores para el contexto socio-cultural de los conservadores países árabes, por ejemplo, o de la propia Turquía, y sin resultar ñoños, predecibles o, lo que podría ser peor, incomprensibles, para Sudamérica, Estados Unidos o España.

Y es que la ficción televisiva turca nos muestra una sociedad que aun manteniendo una raíces culturales y sociales muy potentes, manifiesta una apuesta decidida por asimilar las tendencias occidentales, ya sea a nivel de pensamiento, costumbres, moda, decoración…etc., readaptándolas e incorporándolas a su propia realidad y costumbres, buscando un equilibrio entre el pasado y el presente. Éste es uno de los factores clave de su atractivo en mi opinión, ya que de una forma u otra, las diferentes culturas compartimos dichas raíces, en mayor o menor grado (especialmente, los que vivimos a las orillas del Mediterráneo), y resulta especialmente alentador verlas plasmadas y resueltas por otros a quienes en principio juzgamos diferentes.

Es evidente que cuestiones como el apoyo de la familia y las relaciones entre sus miembros, la lucha de la mujer por encontrar su reconocimiento, el honor y la dignidad de los pobres frente a los abusos de los ricos son valores que nunca pasan de moda y si se tratan con criterios actuales, con racionalidad y profesionalidad, proporcionan buenos resultados como los que tenemos enfrente. Existen análisis sobre los factores que han influido en este boom mediático que merecen la pena ser revisados como el de Ángel Sotero Soliño.

Las telenovelas turcas ofrecen una imagen de la mujer turca muy distinta a la que teníamos. En la imagen Tuba Büyüküstün, Elif, en Amor de Contrabando

Pocos saben, además, que las artífices de éxitos mundiales en el terreno de la ficción televisiva como “Fatmagul” son además mujeres guionistas como Ece Yörenç Melek Gençoğlu. O que la directora de ambas telenovelas es otra mujer llamada Hilal Saral, todas ellas vinculadas a la productora Ay Yapim, (empresa familiar fundada en 2005 por Ekrem Catay y su hijo Kerem Catay) líder turca en formatos audiovisuales. Y es que al final, gracias al trabajo y la creatividad de ellas, Turquía ha conseguido conquistar en muy pocos años esa otra parte del mundo que los sultanes otomanos (y muchos políticos turcos actuales, hay que decirlo) no consiguieron ni consiguen con el peso de las armas y otra clase de amenazas.

Hay otra Turquía: y esa es la Turquía de las mujeres.

A continuación, vamos a analizar dos de las telenovelas más emblemáticas para el público turco e internacional: Fatmagul y Amor prohibido.

Fatmagul

Fatmagul, el primer gran éxito de las telenovelas turcas en España.

Rodada en 2010 podría decirse que es la telenovela que marcó un antes y un después en este fenómeno y que contribuyó a crear expectativas respecto a todas las que tenían que venir después. Fatmagül’ün Sucu Ne?, algo así como “¿Qué culpa tiene Fatmagul?” se basa en una novela del escritor Vedat Türkali de 1976 que había sido llevada al cine con una historia sobre la tradición, hasta no hace muchos años real en Turquía, según la cual, un violador debía casarse con su víctima como forma de reparar el daño. Este tema espinoso y trágico no parecería en principio un punto de partida ideal para un éxito que iba a traspasar fronteras, sin embargo, la producción de Ay Yapim supo crear un producto con los ingredientes justos y necesarios para que la historia de Fatmagul, una sencilla muchacha de Esmirna, cautivara a espectadores no sólo de Turquía, sino de casi toda Sudamérica, el mundo árabe y España.

Entre el libro de Türkali, la posterior película de 1986 y la telenovela de 2010 pasaron 30 años cruciales en los que el papel de la mujer y la actitud de los hombres y la sociedad en general experimentaron cambios sustanciales que se reflejan claramente en ambas ficciones. Aunque el final sea similar en ambos casos, la Fatmagul de la telenovela (encarnada por Beren Saat), una vez que ha superado el efecto directo del golpe brutal que supone una violación en grupo, describe un ansia de rebelarse contra “la solución” que le ha impuesto el entorno, al tiempo que el Kerim (Engin Akyürek) de 2010 (que en esta ocasión no participa directamente en la agresión a la protagonista), mantiene una actitud de comprensión, paciencia y arrepentimiento (por haber colaborado pasivamente en los hechos) que no refleja el protagonista de la primera película.

De izquierda a derecha, Kerim, el muchacho de Esmirna, con sus amigos de las altas esferas de Estambul, Vural, Selim y Erdogan, la noche en la que se desencadena la tragedia.

Pero el secreto de Fatmagul va mucho más allá del encanto y de la identificación con las luces y sombras de los protagonistas. Ellos son sólo el señuelo, porque el reparto de secundarios raya la excelencia. Es imposible hacer un elogio de todos ellos sin descuidar a alguien. Sin ir más lejos, los amigos ricos del protagonista son jóvenes actores de una solidez impactante. Erdogan (Kaan Tasaner), quizás el más “malo” de los tres, vale un protagonista en sí mismo, porque su carisma y dotes actorales cargan de razones a su personaje aun cuando el guión nos marque lo contrario; el atormentado Vural interpretado por el actorazo Bugra Gülsoy consigue hacer sufrir al espectador en sus propias carnes el arrepentimiento y la zozobra que arrastra tras los hechos que protagonizó bajo los efectos de drogas y alcohol; mientras que Selim (Engin Öztürk), quizás el más “pijo” y superficial de los tres amigos, describe con solvencia cómo su personaje intenta sin éxito salvar los muebles de su matrimonio ante el inesperado giro que toman los hechos para él y para todo el clan del que forma parte.

Entre los padres de los protagonistas destaca el padre de Selim, Resat Yasaran (Musa Uzunlar), el auténtico capo de la familia que teje y desteje intrigas a fin de mantener el negocio y la reputación familiar a flote con la inestimable ayuda de su cuñado y a la par abogado, Munir Telci (Murat Daltaban), un personaje imprescindible que recuerda en sus modos y su vehemencia a los actores del realismo italiano.

En el otro lado del reparto, no podemos olvidar a la extraordinaria Moukates (Esra Dermancioglu), la inefable cuñada de Fatmagul con la que el público mantiene una relación de amor-odio, tanto por su lado cómico cada vez que suelta a quemarropa lo que piensa, como por el hecho innegable de que su codicia es la que pone en bandeja a los ricos Yasaran la colosal trampa en la que se ve sumida la protagonista para esconder el crimen de aquéllos; Ebe Nine (Sumru Yavrucuk), la madre adoptiva de Kerim, es otro puntal del reparto que plasma de forma realista y humana el entusiasmo incansable de esas personas obligadas a apagar a diario los incendios que se producen en su entorno y por último, Rahmi (Bülent Seyran, abogado de profesión a la par que actor), que encarna con singular dulzura al “inocente” hermano de Fatmagul, quien como todos los inocentes en este mundo, puede ver la realidad que le rodea con la diáfana claridad de los limpios de corazón.

Pero si hay un malo en esta telenovela (vamos a llamarle “personaje equivocado” o “confundido” para no ser demasiado crueles), éste es sin duda el ex novio de la protagonista, Mustafá (Firat Çelik). Este personaje tiene el dudoso honor de ser un auténtico campeón en dañar seriamente a las dos personas, mujeres ambas, que supuestamente más ha querido: primero a Fatmagul, no sólo por abandonarla, sino por difundir y crear sospechas sobre ella en relación a las circunstancias de la violación y luego a la persona que le abre los brazos y el corazón con absoluta generosidad y entrega cuando se encuentra sólo en Estambul en busca de venganza: la maravillosa Asude (Sevtap Özaltun). Dicho lo cual, no podemos dejar de reconocer el trabajo de Firat Çelik por hacer tan creíble (y tan odioso) a un personaje como Mustafá, cargado de prejuicios, desprovisto de la más mínima inteligencia emocional, dado a las reacciones más viscerales y absurdas y totalmente inexplicables (como aceptar el dinero de quienes causaron su desgracia) y, lo que es peor de todo, profundamente egoísta.

Mustafa, el ex-novio de Fatmagul, interpretado por Firat Çelik, es uno de los personajes más controvertidos de esta telenovela.
Asude (Sevtap Özaltun) ejerce de auténtica hada madrina de Mustafá a su llegada a Estambul aunque su amor incondicional no es precisamente recompensado.

Para mí, Fatmagul es y será el personaje en mayúsculas de Beren Saat. Actualmente es una de las actrices mejor pagadas de Turquía y se le prevé una importante carrera durante muchos años, pero es muy difícil que llegue a encarnar la autenticidad y la honestidad que transmitió interpretando a la campesina de Esmirna. Fatmagul no es una joven ni especialmente simpática, ni dotada de ningún don especial aparte de una bondad y belleza naturales que resaltan aún más en el contexto de sencillez que la rodea. Pero a Fatmagul se la comprende muy bien en sus reacciones, en su evolución al asimilar muy lentamente todo lo que le ha ocurrido, lo que revierte en un visible proceso de crecimiento como persona, en el que también cuenta con la ayuda de un psicólogo. Y es evidente que todo esto se trabajó cuidadosamente en la fabulosa dirección artística de la directora de esta ficción televisiva, Hilal Saral.

También refleja una evolución en paralelo el personaje de Kerim. Al hoy en día galán-escritor Engin Akyürek le vino de perlas que la telenovela fuera prácticamente su debut televisivo, ya que la inseguridad de principiante frente a la cámara le vino al atribulado personaje de Kerim como un guante. Kerim no sabe cómo demonios salirse de la trampa colosal que les han tejido a él y a Fatmagul la familia de su grupo de amigos y sólo a base de tratar de comprender día a día sus propios sentimientos y de solventar pieza a pieza el rompecabezas que supone la relación con su compañera, es capaz de llegar a desarrollar una madurez que va aflorando, también muy lentamente, capítulo a capítulo.

Los esfuerzos que Kerim (Engin Akyürek) deberá hacer para entender a Fatmagul le ayudarán a madurar.

Por último, no quiero dejar de destacar otro de los aspectos en los que la telenovela destaca y sorprende: la ambientación escénica, esos maravillosos exteriores (tanto en Esmirna como en Estambul), la fotografía, el impecable vestuario que construye a los personajes según su clase social, psicología..etc. Fatmagul contó con una producción generosa (han pasado casi 10 años y la ambientación sigue siendo de vanguardia) y esto no es un tema menor teniendo en cuenta que desde los ya lejanos tiempos de las producciones americanas de Dallas, Dinastía…etc. no nos llegaban productos de este nivel y mucho menos europeos (Estambul tiene una parte en Europa no lo olvidemos). Por otra parte, como decíamos anteriormente, la imagen que se transmite de Turquía es la de una sociedad pujante, puesta al día en todos los sentidos y que plantea cuestiones humanas y debates sociales que nos afectan a todos con un enfoque absolutamente transversal.

Los bellos paisajes de Esmirna en la costa del Mar Egeo ambientan la primera parte de “Fatmagul”.

Amor prohibido

La casualidad ha querido que nuestra atención se haya dirigido a otra telenovela dirigida por Hilal Saral. Sin embargo, ésta es anterior en el tiempo (2008), si bien está siendo emitida en España actualmente por Nova. Viene con el antecedente de haber sido otro triunfo internacional y el incontestable crédito de que su capítulo final paralizó nada menos que el propio Parlamento turco.

El argumento usa un patrón clásico bien conocido como es el de la gran serie británica “Arriba y Abajo, de las variadas peripecias de señores que viven en los apartamentos superiores y los criados que habitan los sótanos y plantas bajas, unos y otros interaccionando desde sus diferentes realidades. Aunque hayan trascurrido treinta años entre una y otra, se demuestra que un buen modelo se puede actualizar con éxito si uno tiene el oficio suficiente para hacerlo funcionar.

En el caso de Amor prohibido además, se juega muchísimo con el factor suspense, en el que prácticamente todo el reparto dispone de alguna carta que jugar, lo que hace de esta novela un producto coral y totalmente integrado, en el que el manejo de los tiempos está magníficamente resuelto, aplicando criterios profesionales por encima de los meramente comerciales (sin alargamientos extenuantes ni secuencias innecesarias: todo sucede con un por qué y cuando tiene que suceder).

Bihter y Behlül, la pareja “prohibida”

Amor prohibido tiene además la particularidad de que la pareja protagonista no encarna, por decirlo de alguna manera, a los héroes de la novela, sino más bien todo lo contrario. A pesar del innegable atractivo que pueda tener una relación “prohibida” y la crítica a la hipocresía que el argumento lleva implícito, existe un factor innegable que se hace presente en todo momento y que a medida que transcurren los capítulos va adquiriendo un peso mayor: el engaño. Por mucho que Bihter (Beren Saat) y Behlül (Kivanç Tatlitug) sean jóvenes y agraciados y tengan todo el derecho a quererse, si el corazón así se lo dicta, van dejando una serie de muertos tirados en la cuneta, léase “muertos”, todas las personas afectadas por sus intrigas, empezando por el adinerado marido de Bihter, Adnan (Selçük Yöntem) y siguiendo con la hija mayor de éste, la cautivadora e inocente Nihal (Hazal Kaya) a la que utilizan cruelmente, practicamente por designación de la madre de Bihter, Fatma (genial Nebahat Cehre), para desviar posibles sospechas sobre el affaire entre ambos. Esto hace difícil que se cree una complicidad entre la pareja protagonista y el espectador y menos aún esperar o desear el final feliz que en otro caso merecerían.

No veo a Beren Saat encontrarse a gusto en el personaje de Bihter, tan lleno de contradicciones, entre su pulsión hacia los deseos de riqueza que la llevan a contraer matrimonio con el multimillonario Adnan y la voluntad de “hacer su vida” que la llevaría a querer romper por las bravas la cárcel en la que se ha metido ella solita. Las reacciones bipolares, la ira desatada contra su entorno y el desprecio y tiranía con los criados hacen de ella un ser bastante insoportable, al que en nada ayudan esas sonrisas y muecas forzadas que – repetidas en exceso – contribuyen a caricaturizar en parte al personaje. Aún así no querría dejar de apuntar que Beren Saat recibió diversos premios de interpretación gracias a la Bihter de “Amor prohibido”.

Kivan Tatlitug realiza una estupenda interpretación del inseguro e inmaduro Behlül.

Harina de otro costal es Kivan Tatlitug en su interpretación del inseguro, remolón y vividor Behlül. Este actor venía de ganar concursos mundiales de belleza, lo que en principio (no me preguntéis, lo admito: tengo prejuicios) le invalidaría para ser un buen intérprete, pero como en todos los ámbitos de la vida, siempre aparecen las honrosas excepciones que vienen a confirmar la regla. Kivan Tatlitug ya muestra en esta novela mimbres de grandísimo actor (ha sido premiado internacionalmente en varias ocasiones en su carrera) y lo demuestra con total seriedad a cada minuto en que se le presenta la oportunidad: basta ver un par de escenas para constatar que tras esa pinta de pijo, gandulete y a ratos cab—n hay mucho más. Tatlitug hace aflorar un torbellino de sentimientos de una forma totalmente natural, otorgando una gran credibilidad a ese Behlul atormentado que habita tras una fachada de aparente dolce far niente, incluso cuando a veces ande un tanto cojo de diálogo en su parte de guión.

La encantadora Nihal (Hazal Kaya) vive un tsunami de emociones motivadas en gran parte por el interés adulto.

El segundo personaje que brilla en esta producción es Nihal, perfecta “contrincante” de Bihter en el amor por Behlül. En esa época, la actriz Hazal Kaya, que después protagonizaría El secreto de Ferihá, tenía diez años menos, pero demuestra unas cualidades actorales extraordinarias. Hazal Kaya sale airosa al expresar de manera sobresaliente la paleta de emociones incontroladas de una adolescente que todavía no dispone de los instrumentos para leer el embrollo emocional que le ha presentado la vida sin salir de su propia casa. Tanto ella como su hermano Büllent (Batuhan Karakaya) son dos puntales de la novela, por su frescura y sus cualidades sabiamente canalizadas por el equipo de dirección artística.

A destacar por supuesto la actuación de la polifacética artista Zerrin Tekindor en su papel de Mademoiselle Deniz, eterna secreta enamorada del pater familias Adnan (y de momento no correspondida), la cual está desde el minuto 1 al tanto de todos los acontecimientos, pues, sin saber a ciencia cierta por los datos de que dispone, lo sabe todo. Y aunque también cuenta con poco diálogo para expresar lo que siente, sus planos cortos intentando desentrañar lo que hay de real en todo lo que le están contando son una auténtica delicia. Su antítesis en el lado oscuro de la fuerza sería sin dudarlo, Fatma, la manipuladora madre de Bither y maestra en entretejer enredos. Ambas son imprescindibles en esta partida. En el centro de todos ellos está Adnan, adorado por unos y engañado por otros (en el caso de Behlul, estaría en un 50/50): tengo que decir que siento una gran curiosidad por ver su reacción en el momento crucial, pues me espero sinceramente cualquier cosa.

Besir (Baran Akbulut) el oráculo perdido de todos los secretos de “Amor prohibido”.

Por último y cometiendo el pecado de dejar de mencionar al excelente reparto de secundarios que aparecen en esta telenovela y que puede verse aquí, mencionaré a ese gran actor (sufridor en este caso) que es Baran Akbulut en su papel de Besir, el chófer que carga sobre sus espaldas el dilema de contar lo más grande a su querido empleador y segundo padre que es Adnan.

Por si fuera poco, Besir está locamente enamorado de la joven Nihal que, para postres, tiene a bien considerarle como a un querídisimo “hermano”. Sin embargo, se me hace patente el tremendo disfrute con el que Akbulut ha encarado las rocambolescas situaciones en las que se ve sumido su personaje, dándolo todo en cada lance. Besir, sin duda alguna, tiene en sus manos la llave maestra de esta ficción, la única capaz de darle un giro de 360 grados al argumento. Y es que el día en que Besir hable por fin (y ya va mostrando algunas ganas con el paso de los días) arderá Troya, como decimos vulgarmente.

Y como la mítica Troya no anda demasiado lejos en el mapa de lo que hoy es Estambul, yo voy estar ahí como un clavo en mi sillón frente al televisor porque… ¡no me lo quiero perder!

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