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Pastora en la estepa eurovisiva

  

Finalmente, el pasado sábado, en una gala de RTVE presentada por Anne Igartiburu, público y jurado eligieron la canción con la que Pastora Soler que representará a España en el próximo festival de Eurovisión, a celebrar en tierras caucásicas, en la capital de Azerbaiyán, país de cordilleras y vastas estepas, el próximo 26 de Mayo. El resultado de la gala estaba cantado, entre otras cosas, porque era bastante sensible la diferencia de calidad del tema elegido respecto a los demás, ya que “Ahora o Nunca”, la menos votada, tenía muy pocas opciones (para que la sutil Soledad Jiménez se atreviera a decir que “el tema es lineal”, es que es muy lineal); la segunda clasificada, “Tu vida es tu vida” es una canción con un ritmo que le viene muy bien a Pastora pero, melódicamente, no llegaba ni de lejos a la talla de la balada que finalmente fue escogida.  

 Enmendando errores pasados

Esta vez, en efecto, RTVE, tras desagradables sorpresas pasadas, había provisto el procedimiento de elección de todos los seguros y candados habidos y por haber para que la elección recayera en la balada, “Quédate conmigo”, de la cual nos ocuparemos a continuación y que nos permite anunciar, señoras y señores, para variar, y después de muchos años, que esta edición del festival de Eurovisión pinta bien para España.  Diríamos incluso que bastante bien.

 Pero seamos cautos, tampoco se trata de echar campanas al vuelo, ni de reproducir triunfalismos pasados, como si nos presentáramos en solitario o el resto de concursantes fueran de atrezzo. Nada de eso, sucede, simplemente, que esta vez, tenemos la posibilidad de ser tenidos en cuenta, porque llevamos una cantante y un tema susceptibles de agradar, por sus características a una mayoría de europeos, algo que no suele ser usual.  A partir de ahí, no podemos perder de vista que el incombustible festival tiene sus intrínculis, esos mismos que han elevado al gran Uribarri a la categoría de oráculo por conocerlos todos o casi todos y que durante las últimas décadas (han sido décadas, reconozcámoslo),  Eurovisión ha sido una árida estepa de votos para España, tan sólo mitigada por las abnegadas aportaciones de nuestros hermanos de Andorra y Portugal, y también de Francia, Bélgica, Alemania y Suiza, un detalle de los hijos y nietos de los emigrantes de los 60 y 70 y de los universitarios españoles que el programa Erasmus dispersa por la vieja Europa:  a todos ellos, RTVE debería haber hecho ya un monumento a estas alturas. Sin embargo, Eurovisión, felizmente, siempre es un volver a empezar y cada primavera ya sólo cuenta lo que está por venir. Veamos, pues, el menú de esta edición: de entrada, contamos con la conjugación de dos ingredientes muy importantes: tenemos cantante y tenemos canción. Al decir que tenemos cantante no ponemos en duda la profesionalidad ni la valía artística de los participantes de anteriores ediciones, pero, ciertamente, hay artistas que, por sus características, pueden llegar con facilidad a un público local, pero no a uno internacional que desconoce por entero los códigos de su arte. Esto aplica, sobre todo, a los cantantes y a las canciones de estilo flamenco que, no es que no gusten en Europa, es que no se entienden, y menos aún, como ha sido el caso casi siempre, si la canción es tirando a mala, o mala, sin más matices. En resumen: que si quieres exportar el flamenco, incontestable patrimonio universal de nuestro país, no lo puedes hacer con un subgénero. O vas con algo muy bueno,  y adaptado para que un público tan heterogéneo como el que integra la platea eurovisiva te vote en masa, o no vas.   Es cierto que Eurovisión exige probada profesionalidad de los intérpretes, muy necesaria para aguantar el tipo en el escenario ante millones de personas y una buena voz para que, quien no comprende tu idioma, al menos, pueda mantener la atención escuchándote durante tres minutos. Pero no es menos verdad que RTVE ha merecido un enorme tirón de orejas por haber enviado en tantas ocasiones a gente con grandes aptitudes, o bien con una carrera y un prestigio ganados a pulso, a defender estóicamente auténticos bodrios.  

Ganadores de Eurovisión 2011, representando a Azerbaiyán: Eldar & Nigar con el tema “Runnig Scared”

Eurovisión es un espectáculo televisivo de masas, un show, en el que lo que se presenta ha de ser perfectamente reconocible y valorable para gente muy diferente, con lo cual, se deben conjugar dos aspectos: el musical (melodía e intérprete) y el visual (puesta en escena y realización).   Y si, además, partimos además de la base de que en muchos de los países del Norte y Este europeo que hoy en día participan en Eurovisión existe una gran cultura musical desde la más tierna escuela (a pesar de lo cual, por algún motivo extraño, siempre tenemos una extraña tendencia a mirarles por encima del hombro), uno no puede presentarse una, y otra, y otra vez de vuelta la burra al trigo, con una pachanga cuyos acordes no dan la talla ni para una canción del verano.  Insistimos en ello, una buena melodía no te garantiza por sí sola un triunfo o una buena clasificación. Sin embargo, una mala canción sí es un pasaporte directo al estigma de los cero votos.

Un tema de gran exigencia técnica

“Quédate conmigo” es una bellísima balada de corte clásico, que ha permitido a Pastora Soler, ampliar con excelentes resultados su registro, su estilo (un pop con aires del Sur, sin llegar a ser propiamente flamenco) y seguramente, también su público. Esa gran voz de Pastora no debe encasillarse de ninguna de las maneras (a veces, esto sucede con algunos artistas, injustamente) y creemos que este  muy exigente tema de Antonio Sánchez Ohlsson, Thomas Gison y Erik Bernholm, le abre un gran abanico de posibilidades técnicas como cantante y las puertas al reconocimiento definitivo del gran público que la artista merece.

La balada escogida es, desde luego, un reto para cualquier cantante, y no sólo nos referimos a ese apoteosis en el que se hace el silencio musical para que Pastora se luzca subiendo y reenganchando el agudo, (efecto sublime es la inminente respuesta del coro), sino a esas escaladas súbitas de nota que exigen un elevado control técnico, no al alcance de cualquier intérprete, sí de la sevillana. Eso sí, hace falta que el equipo de RTVE la sepa cuidar  en todo este tiempo que falta para llegar al gran día como la ocasión requiere y que ella misma haga por preservar la voz ante el aluvión de entrevistas, promociones y emociones que se le viene encima.

Paisaje en Azerbaiyán

Pero esto son sólo pequeñas colinas, no cordilleras, ni siquiera montañas, que este año, más que nunca, hay que ir a disfrutar. Disfrutemos de la voz de Pastora, disfrutemos por fín de canción,  de la mejor puesta en escena, de un coro imponente, de unos bailarines como espirales de luz alrededor de la diva resplandeciente en un vestido en blanco roto con perlas brillantes (nos permitimos la sugerencia) y, sobre todo, que nadie olvide esa caja de Rioja que hay que despacharle al realizador azerbayano (no lea, por favor, Sr.De Guindos) para que, además de hacer brillar a la representante española, contribuya a crear esa magia televisiva que arranca millones de SMS compulsivos.  

Y sin echar campanas al vuelo, al menos sabemos que, gracias a Pastora y a los creadores de “Quédate conmigo”, esta vez  no atravesaremos la estepa de Azerbaiyán con penurias ni escaseces, esta vez nos pasearemos por ella.  Y va a ser un viaje tan hermoso que, quien sabe si, pasada la medianoche del 26 de mayo, casi sin darnos cuenta,  lleguemos a ver el mar.

Quédate Conmigo WORLD COVER #todosconPastora

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