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Mi estreno en el Liceu con Turandot

Estrenarse en el Liceu con esta Turandot dirigida por Franc Aleu, bajo la dirección musical de Josep Pons es un lujo añadido. Lo digo sin preámbulos y es que he tenido el gusto de presenciar una representación de ópera completa por primera vez en mi vida, justo cuando se conmemoran 20 años de la reinauguración del Liceu en 1997, tras el incendio que lo destruyó casi totalmente en 1994.

Aunque me encantan las artes y la música en particular confieso que nunca en la vida se me pasó por la cabeza poner un pie en el Liceu. Admito que hace muchos años me impactó la muerte (de ficción, por cierto) de Mariona Rebull en el atentado del Liceu (real) de 1893, narrada en la serie La Saga de los Rius y me quedó seguramente grabada en la memoria la idea de que esta entidad era, fundamentalmente, el lugar de encuentro de la burguesía barcelonesa con la excusa de la música.

Sortida del Liceu (Roma Ribera i Cirera, 1913)

Y es cierto que lo fue, pero también es verdad que esta institución, desde sus inicios, también mantuvo la puerta abierta de la música a las clases más populares que, por supuesto, ocupaban los pisos superiores en las butacas con menor visibilidad y entraban por el lateral de la calle San Pau. Diferencias las hubo siempre y las sigue habiendo, dada la disparidad de precios, pero la sociedad ha cambiado, afortunadamente, y como pude comprobar, las cosas ya no son como eran.

Las entradas de platea son realmente prohibitivas y aún así, también se puede disfrutar del espectáculo desde los pisos de arriba, ya que la “traducción simultánea” de los libretos está situada en una pantallita en la parte más alta del escenario, para que lo pueda leer todo el mundo. Vamos, que si la excusa para no ir a la ópera es el no enterarse del argumento completo, esa ya no sirve. Al igual que cuando la transmiten en televisión con subtítulos, el texto puede seguirse de principio a fin.

Liceu: vista a platea y pisos desde un palco lateral (@AmicsLiceu)

Por otra parte, los decorados y el escenario son tan enormes que no es necesario estar en platea para poder disfrutar. Por cierto que quien esto escribe estuvo abajo en platea y si no fuera porque teníamos dos asientos libres justo al lado y nos pudimos mover, hubiéramos tenido serias dificultades para ver el escenario, porque teníamos a dos “cabezones” de metro ochenta ¡justo delante!

Me gustaría como sensación de esta primera visita destacar el ambiente y la belleza extraordinaria de este teatro. Es agradable comprobar que todos mis prejuicios sobre el Liceu en relación con “un cierto tufo a alcanfor clasista” se vinieron abajo. Porque allí está, en efecto, todo el mundo. De todo tipo y pelaje. Desde quien aparece con vestido de boutique de la zona alta (nadie de largo) hasta los que nos pusimos “el top de arreglar” de Zara que tenemos muerto de risa en el armario, o al que se sienta en platea con tejanos y sin complejos. La guinda de este totum revolutum serían los abuelos entrañables que han ido al Liceu toda la vida, porque la ópera es su pasión. No es para nada un ambiente de “club ecuestre” en el que unos se repasan a otros, tratando de dilucidar si son galgos o son podencos.

Entiéndanme, si la élite consiste en un público de lo más heterogéneo, con el denominador común del entusiasmo por disfrutar de un espectáculo en mayúsculas que muchos no nos podemos permitir todos los días, el Liceu sí es elitista. Pero hay que ir y experimentar ser élite de ese modo, al menos una vez en la vida, por lo gratificante que resulta la experiencia de celebrar el arte A LO GRANDE. El Liceu es realmente hoy en día una institución, realmente, de, por y para todos. Y eso es un triunfo sin paliativos de esta entidad barcelonesa y de todos los que le han prestado su apoyo.

Por último y como comentaba antes, hay muchos descuentos para estudiantes, personas con la tarjeta de discapacidad de la Generalitat y acompañantes y otras reducciones que vale la pena considerar. Para conocer estos beneficios lo mejor es ir directamente a las taquillas situadas en Ramblas, frente al metro de Liceu (línea verde). El personal es muy atento y da buenos consejos para la elección de asiento.

Turandot

La princesa guerrera Qutulun, según un manuscrito francés de 1280

Y ya vamos a Turandot, “la princesa de hielo”, un personaje que tiene su origen en un poema épico de la literatura persa (Turandot = hija de Turan, una región del Asia Central) que podría tener su base real en la princesa guerrera Qutulun, descrita por Marco Polo en esa zona hacia 1260, hija de Kaidu, la cual exigía que los príncipes que quisieran casarse con ella la debían vencer primero en lucha armada.

Esta historia, la real y la ficticia, proveniente de tierras asiáticas fue posteriormente reconvertida por diversos escritores italianos y alemanes, entre los cuales, Goethe, Schiller e incluso Bertol Brecht. Parece que fue en la adaptación de Schiller en la que se basó la ópera de Giaccomo Puccini, iniciada en 1920 y terminada por Franco Alfano (que retoma la obra después de la muerte de la esclava Liu justo antes del del fallecimiento de Puccini en 1924) hasta su final. La obra se estrenó en la Scala de Milan en 1926.

La representación a la que asistimos el pasado viernes 11 de octubre contaba con el segundo reparto de Lise Lindström como Turandot, Ante Jerkunica como Timur, Gregory Kunde como Calaf, el príncipe desconocido, Anita Hartig como Liu y el resto con los intérpretes comunes a los dos repartos: el americano Chris Merrit como el Emperador Altoum, Toni Marsol como Ping, Francisco Vas como Pang y Mikeldi Atxalandabaso como Pong.

De izquierda a derecha Toni Marsol como Ping, Mikeldi Atxalandabaso como Pong y Francisco Vas como Pang, los ministros del Emperador.

Los decorados y toda la escenificación es futurista, un bloque piramidal en una estructura giratoria con unos brazos robóticos que impresionan bastante y con una pantalla-telón que se despliega en determinados momentos para poner a los personajes a interactuar con imágenes proyectadas, lo que confiere al espectáculo un dinamismo constante que contribuyen a mantener la atención del espectador a lo largo de toda la obra.

Destaca la brillantez de la Orquesta Sinfónica del Gran Teatre del Liceu, que viene siendo dirigida por Josep Pons desde 2012, con la participación del Cor Vivaldi de Petits Cantors de Catalunya dirigido por Òscar Boada y, por supuesto, la auténtica delicia de poder escuchar a los coros (tan a la italiana) dirigidos por Conxita García. Una caricia para oídos maltratados en esta jungla de estridencias absurdas en la que vivimos.

Anita Hartig, en su papel de Liu, roba el corazón del público

La ópera se reparte en 3 actos, siendo el tercero, como es de ley, la apoteosis, ya que empieza nada más y nada menos que con el NESSUN DORMA (por fin comprendemos el sentido de este ária inconmesurable), maravillosamente interpretada por Gregory Kunde y sigue con el protagonismo de Liu. Este personaje de la esclava enamorada incondicionalmente interpretado con dulzura extrema por la soprano rumana Ana Hartig se lleva la palma y las palmas del público porque al final, en los saludos, casi se la comen. Fue realmente un momento muy emocionante y aunque debe decirse que el personaje se presta más que el resto al lucimiento por la belleza de su aria final y por todo el significado que Liù tiene en esta obra, Hartig sabe sacarle todo el partido. La protagonista Lise Lindström resuelve con solvencia una Turandot que se sabe a la perfección y deleita con una voz con un color y cuerpo que recuerda un poco a Callas pero más “metálico”, una característica que le viene de perlas a esta “princesa de hielo”.

La parte de coro final que compuso Franco Alfano y que remata la obra es una maravilla. Con esto quiero contradecir con toda la humildad del mundo a los entendidos que han dicho siempre que aunque su factura es impecable no está ni mucho menos a la altura del gran Puccini. Para mí, hay excelentes artesanos que hacen tan bien lo suyo que también merecen ser llamados artistas y artistas grandes. Alfano es uno de ellos.

Por último, sin querer espoilear a nadie, este desenlace que se ha sacado de la manga Franc Aleu, si bien no deja de tener su gracia por su factor “surprise-surprise”, no estoy segura de haberlo entendido del todo. ¿Entienden o no entienden? Si alguien me puede dar una seguridad en este sentido, por favor me responda con un post. Les ruego tengan caridad y no me maten, que ya les confesé que yo soy primeriza.

Pero amenazo con volver. Y será pronto, si Dios quiere.

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