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Santi Vidal: La Verdad de las Mentiras

por Lluís Bassets, artículo publicado en El País

El estado propio e independiente que describe el ex-juez Santi Vidal es ya, antes de existir, un estado policial.

Como mínimo, ya hacía unos dos meses que Santiago Vidal fa difundía la buena nueva por pueblos y ciudades de Catalunya.  Le acompañaban en sus prédicas cargos locales de Esquerra Republicana y la Assemblea Nacional de Catalunya, agradecidos de un poder de convicción que dejaba satisfechos y esperanzados a los asistentes ante la buena marcha del “procés” y  la proximidad del anhelado objetivo, la segura celebración del referéndum y, a continuación, la muy probable proclamación de la independencia.

Estas charlas, a un ritmo que podía llegar a dos por semana, han tenido hasta el momento un impacto muy extraño. Los vídeos se colgaban en webs de las entidades soberanistas y se hacían virales a través de las redes sociales, de YouTube, en especial.

Nadie de quienes le acompañaban vio nada de anormal en sus explicaciones sobre la actividades del Govern en lo que respecta a la preparación del referéndum y de la independencia. Las televisiones locales, en algunos casos, daban la información del caso e incluso, alguna pequeña web nacionalista se hacía eco de las conferencias, pero no llegaba nada a los grandes medios de comunicación escritos o audiovisuales.

Puede ser que las noticias que difundía el ex-juez fueran fabulaciones destinadas a hacerse notar ante un público agradecido, pero algunas de sus expresiones más explícitas deberían haber suscitado inmediatamente la atención e incluso, la alarma, de las personas más responsables y escrupulosamente demócratas que le acompañaban. Los planes de recopilación de datos y fichas de policías y jueces, o de simples ciudadanos a efectos fiscales, no tan sólo vulneran directamente la legalidad, como el mismo ex-juez reconoce con una sonrisa cómplice, sino que lo hacen en un territorio especialmente delicado como es el de la libertad y los derechos individuales. Resulta que el estado propio e independiente que nos explica Santi Vidal es, ya antes de existir, un estado policial.

Oriol Junqueras, máximo dirigente de ERC, ha rehusado comentar sobre el affaire Santi Vidal

Es decir, si nada de lo que iba contando Vidal era cierto, alguien de su entorno debería haber cortado en seco su ciclo de prédicas independentistas. El silencio cómplice que le ha acompañado es un indicio más de la verosimilitud de los hechos explicados. Y más aún cuando ciertos periodistas  de abierta militancia independentista han intentado presentar la publicación de la información como el resultado de una filtración interesada, o hasta de una intoxicación del CNI, especulando incluso con el momento elegido para el lanzamiento de la bomba, a pesar de que tenían las fuentes de la información disponibles en abierto en las redes desde hacía dos meses.

En su desvergüenza, algunos han llegado a descalificar el reportaje sobre los vídeos de Vidal por una presunta falta de comprobación de las informaciones que contenían, cuando el problema es que la sociedad catalana haya mantenido en una zona de discreta sombra informativa una información muy relevante, que por fin ha salido a la luz gracias a la perspicacia y el criterio de un buen profesional.

Santi Vidal no está solo. Hay suficiente con perder unos minutos en las redes sociales para ver los numerosos apoyos que recibe y la incomprensión con la que una parte del mundo independentista ha recibido su destitución seca y fulminante. El argumento de su marginalidad no se sostiene. Basta con leer los editoriales y los columnistas del mundo independentista más subvencionado para darse cuenta de que hay muchos émulos de Vidal, que se hacen los advertidos por lo que respecta a los planes secretos e ilegales para el referéndum y para la independencia. Pudiera ser que el ex-senador hubiera exagerado e incluso, inventado, para vestir y dotar de verosimilitud su relato. Un café con un simple funcionario pudiera ser uno de los pre-contactos con la OTAN. Una charla con Pilar Rahola, una convención de colaboración segura con los “servicios secretos de un país no europeo”.

Pero es difícil desatender estas presuntas fanfarronadas, cuando todo el mundo conoce la cantinela oficial sobre las rupturas con la legalidad española, la promesa explícita de una ley de transitoriedad que significará una única ruptura de una sola vez, según el jurista que la ha fabricado y, la última, la base de datos fiscales recopilada por Oriol Junqueras, de improbable legalidad debido a las restricciones bien explícitas que contempla la Ley de Protección de Datos.

Las revelaciones de l’ex-juez y la reacciones que han suscitado indican, en todo caso, que buena parte del mundo independentista ve sin inquietud y con gran normalidad la eventualidad de una ruptura con la legalidad, a pesar de que afecta a los derechos y libertades individuales, no ya al final del proceso, sino incluso en la etapa actual de preparación del referéndum.

El caso se ve agravado aún más por la precariedad de la mayoría que sustenta al Govern de Puigdemont, garantizada por una fuerza antisistema y antieuropea como es la CUP. Tiene toda la razón el editorialista de La Vanguardia del pasado sábado, al apuntar “la enrarecida situación política que vive nuestro país”, así como el “clima de fabulación colectiva” con que el soberanismo pretende sustituir la mayoría absolutamente insuficiente para dar los pasos que promete hacia la independencia. No son invenciones, las de Vidal. Es, en todo caso, la verdad de las mentiras.

 

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