Que los cambien!!

Cámbiame, el programa sobre estilismos producido por La Fábrica de la Tele que emite Telecinco en horario de mediodía cruza definitivamente el umbral del esperpento.

La verdad es que este programa se empezó en sus inicios (junio de 2015) a ver con cierta simpatía por el hecho de cierta innovación en el contenido de la cadena Mediaset (a pesar de que ya existían algunos precedentes en Antena 3, como Cambio Radical y El Patito Feo) y porque parecía estar enfocado con un espíritu positivo, en contraste con el mal rollo habitual de otros contenidos de entretenimiento del canal presidido por el italiano Paolo Vasile.

Pero las esperanzas se fueron poco a poco diluyendo cuando el programa fue dejando traslucir irremediablemente el ADN amarillo que caracteriza a la cadena en todos sus pliegues y costuras, un hecho en el que han influido sin duda las personalidades de los tres estilistas: Natalia Ferviu, Pelayo Díaz y Cristina Rodríguez.

De entrada y dejando aparte los currículums de cada uno de ellos en el mundo del estilismo y que – por supuesto – no vamos a poner en cuestión, está claro que la valoración que el público del programa pueda hacer de su trabajo es puramente subjetiva, incluyendo la nuestra. Pero como en este país hay libertad de expresión para opinar, lo vamos a hacer y podemos concluir que en el 85% de los casos los looks que presentan los estilistas son muy malos tirando a horribles.

Y es que da la impresión que los criterios de las “cristinadas”, “pelayadas” o “nataliadas” (como ellos se empeñan en llamar a sus “obras de arte”) se basan más en el deseo de “dejar su impronta” en la vestimenta del invitado o participante que en criterios estrictamente profesionales destinados a favorecer a la persona, que es, en definitiva, de lo que va – o debería ir – la moda.

Hemos visto a niñas jóvenes con piernas estupendas vestidas con faldas hasta los pies, a señoras de mediana edad vestidas de “poupée” o “pin-up” (oh! les encantan los 50!!), señores disfrazados de payaso con pantalones cortos y calcetines blancos y sandalias, vestimentas extremas, imposibles de lucir en el día a día. No quiere decir que en todos estos años no se haya visto algún look aceptable, útil, llevable y sensato (lamentablemente, se podrían contar con los dedos de la mano) pero en general hemos asistido a un sinfín de “genialidades” en las que el “cambiado” ha tenido que asentir sí o sí con total resignación a la dictadura de estos tres pirados.

Desde luego, los que nunca han fallado han sido los equipos de peluquería y maquillaje que han salvado la papeleta en demasiadas ocasiones: ahí sí se han visto auténticas “obras de arte”, la mano de verdaderos profesionales.

Aún así, somos conscientes de que el apartado estilístico no deja de ser opinable. ¡Si sólo fuera esto!. El GROSSEN PROBLEMA es que estos tres se empeñan en “adoctrinarnos” no sólo sobre la moda, sino sobre la vida, sobre lo divino y lo humano. Nos quieren cambiar por dentro a todos, incluyendo a los telespectadores. Se empeñan en decirnos cómo afrontar la vida, qué actitud tomar, a quien querer y a quien mandar a la m. Y ahí también entran las familias, claro. ¡Pobres de aquéllos familiares que no han querido participar en el sarao televisivo!. Esos han visto cómo se les afeaba su negativa a la vez que se contaba toda su vida en la tele, sus miserias al aire, sin posibilidad de contestación. O te expones o pringas.

Vamos, que sin comerlo ni beberlo te encuentras con que tu hijo o hija o mujer te pone verde y te ves en el sofá de tu casa escuchando cómo Cristina o Natalia te tildan de machista, de egoísta, de manipuladora, o de mal padre o mala madre. Aunque si vas al plató tampoco es que te salve nadie de un buen sermón o una buena reprimenda por lo mal que lo has hecho en la vida. En conclusión: que si te enteras de que alguien de tu familia va a “Cámbiame”, échate a temblar o pide un visado de larga estancia en Canadá!!.

El look de la polémica

Pero no sólo es el fondo. También son las formas. Y las dos cosas a la vez. Si Cristina o Natalia están empeñadas en “educar” a España y en delimitarnos las líneas del machismo y del pensamiento correcto en la sociedad actual, los tres tienen un problema de educación. Hoy han insistido hasta la saciedad en decirle a Antonio Tejado que aparentaba 40 años (ha cumplido 30), lo cual ha terminado por encender la chispa de una desagradable trifulca. En el caso de Pelayo, la carencia de formas adquiere un alcance más grave aún debido a sus accesos incontenibles de ira, que le lleva a tratar despóticamente a quien no la cae bien, o a “vengarse” directamente con un look de juzgado de guardia como el que le ha endiñado hoy al pobre sobrino de María del Monte (wait! por haberle dicho que sus deportivas eran de Decahtlon, ¡ofensa intolerable donde las haya!). Eso sí, Tejado, ante los intentos del asturiano de humillarle – en su línea habitual – se la ha devuelto en la frente: “¿Tú, quien te crees que eres? ¿John Galliano?”. Ojalá aquél muchacho guaperas al que le cortó el pelo a total mala leche (jamás he visto un estropicio semejante) y gratuitamente (¡¡a saber lo que le molestó a su ego de aquel chaval!!) le hubiese puesto en su sitio ya entonces (lo siento, no he encontrado la foto).

Para colmo, la sustitución de Marta Torné por Carlota Corredera le ha dado al programa la guinda salvamentera del mal rollo buscado sin que lo parezca. Así estamos día sí y otro también.

Por favor, salvo los equipos de maquillaje y peluquería, que los cambien a todos!!.

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