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¿Por qué Dios permite el mal?

 

Cada acto de violencia, terrorífico y sin sentido, nos plantea la cuestión del bien y del mal y, muy especialmente, cuando sabemos que han muerto niños por actos de este tipo  – un común denominador entre los tiroteos de Newtown y la Maratón de Boston – aumentan las razones para echarnos a temblar y dudar de todo. En tiempos de terror mantener la más mínima noción de “Dios es bueno” se torna más difícil. Si es una blasfemia para los creyentes el hecho de pensar que Dios no es bueno, es un acto de traición a la humanidad conformarse con que Dios nos dé la espalda cuando mueren inocentes en actos aleatorios de terror.

No es mi intención someter la teología al análisis. Cada fe aboga por un Dios justo y misericordioso, lo cual lleva a buscar razones para que el mal persista bajo la mirada de una divinidad amorosa. Si  las razones son satisfactorias, persistimos en la fe. Y si no, podemos persistir igualmente. Para las personas hay muchas compensaciones por el hecho de ser parte de una comunidad religiosa y nada nos obliga a enfrentarnos diariamente a preguntas cósmicas que han sembrado el desconcierto durante siglos de debate.

En los días posteriores a los actos de violencia masiva, cuando el horror y la conmoción empiezan a retroceder, cada uno de nosotros trata de improvisar una tregua con la cuestión del bien y el mal. Pero yo pienso: ¿por qué no enfrentar el problema de cara?. Nuestra repugnancia emocional contra el mal es poderosa, es una de las principales razones por las que la gente valora lo moral, porque desea identificarse con el bien. Queremos estar en el lado opuesto al mal. Pero ¿dónde se origina el mal? Si fragmentamos la pregunta, el tema quizás no nos parezca tan monolítico.

El mal tiene muchas explicaciones que suenan plausibles, cada una de ellas desde un prisma diferente. He aquí una muestra:

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Adan y Eva en el Jardín del Edén, frente al Árbol del Bien y del Mal, Gustave Courtois (1852-1923)

En la antigua India, el mal es todo aquello que conduce al sufrimiento.
En el Antiguo Testamento, el mal es el pecado que nace de la desobediencia a Dios.
En el Nuevo Testamento, el mal se complica, ya que en algunos Evangelios Jesús habla como un rabino que fomenta el concepto del Antiguo Testamento de Satanás enfrentado a Dios, mientras que en otros Evangelios, el mal es la ausencia de amor. La redención del mundo, en la que todos los pecados son perdonados, aboliría el mal a través de un acto de amor divino.
En el modelo médico que generalmente se difunde a través de los medios de comunicación después de una tragedia violenta, el mal es fruto de una enfermedad mental. Los malos son retratados como enfermos.
En las mentes de innumerables ciudadanos comunes y corrientes, el mal es lo que hacen “ellos”, y ese “ellos” se define, simplemente, como aquellos distintos de “nosotros”.
Pero en lugar de tratar de resolver cuál es la definición verdadera – tarea totalmente imposible – me atrevería a señalar que cada explicación es susceptible de emparejarse con una solución. El mal puede ser neutralizado por el bien desde cualquier punto de vista.

– Si el mal es debido al pecado, la solución es no pecar.
– Si el mal es todo aquello que causa sufrimiento, hagamos todo lo posible para aliviar el sufrimiento.
– Si el mal es el rechazo a aceptar el amor de Dios, busquemos la manera de experimentar ese amor.
– Si el mal es un trastorno mental, ayudemos a los que están afectados.
– Si el mal es el “nosotros” contra “ellos”, eliminemos las barreras que nos separan.

No puedo pensar en ninguna explicación para el mal que no lleve implícita una solución, una manera para que el bien prevalezca. Ésta es, para mí,  la mejor respuesta a la cuestión del bien y del mal. No es necesario buscar excusas a Dios, caer en los brazos de ateísmo militante, o buscar la venganza, como si la venganza fuese la respuesta de la bondad frente al mal. No lo es. La venganza puede ser un mal menor o un mal necesario – todas las naciones que declaran la guerra contra sus enemigos adoptan sus propias justificaciones – pero de ninguna manera puede ser considerada un bien absoluto como el amor y la compasión.

En otras palabras, soy pragmático en relación al mal porque, en el fondo, creo en la antigua definición india del mal como todo aquello que crea sufrimiento. No es necesario ponerse trascendental, tan sólo he de intentar ser útil para aliviar el sufrimiento en todo lo que esté a mi alcance. ¿Dónde encaja Dios en este esquema? Ya no puede seguir viviendo a costa de su reputación. Si Dios es bueno, tiene que ser bueno aquí y ahora. Además, Dios no puede ser un ojo ciego que ignora el sufrimiento, porque eso es simplemente una forma de excusar nuestra propia ceguera. El mal es un problema humano, no cósmico. Si Dios nos tiende la mano para ser mejores, entonces es parte de la solución.

Deepak Chopra en Nueva York
Deepak Chopra, autor de este artículo, en Nueva York

Entiendo que son millones de personas las que tienen dudas acerca de que Dios nos tienda la mano. El Holocausto, los campos de exterminio de Camboya, el 11S en Nueva York  – escojamos cualquier episodio de maldad y borremos ese espacio habilitado para la rabia y la duda dirigidas contra Dios. ¿No era responsabilidad suya la de salvarnos a fin de protegernos como debe de hacerlo un Padre que nos ama? Lamentablemente, esa metáfora ya no sirve. El mal se ha convertido en nuestra exclusiva responsabilidad, en una contaminación de nuestros corazones semejante a los contaminantes en el ambiente.

Sólo cuando hayamos asumido la responsabilidad de fomentar el bien, aún cuando nuestros instintos más bajos nos pidan a gritos venganza y multiplicar el odio, sólo entonces tenemos derecho a recurrir a Dios. Lo divino es un poder oculto, una voz silenciosa, un aliado invisible. Para algunas personas, todo eso quizás nunca llegue a ser lo suficientemente bueno. Pero nuestra mayor esperanza son aquellos testigos que declaran que, en el momento más inesperado, lo que estaba en silencio y permanecía invisible, de repente, se manifestó.

Fue entonces cuando Dios empezó a vestirse de realidad.

Deepak Chopra, es Doctor en Medicina es el fundador y Director de la Fundación Chopra, Profesor Adjunto de Programas Ejecutivos en la Escuela de Administración Kellogg de la Northwestern University y Profesor Adjunto en la Columbia Business School.

Fuente original: Why does God allow Evil?

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