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Periodistas en venta. Razón: Catalunya

Franco murió en la cama. No lo desbancó nadie. Ni las manifestaciones estudiantiles, que eran mayoría, ni las huelgas y las manifestaciones de partidos políticos de izquierda – principalmente del PC y del PSUC en Catalunya. La prensa tuvo también cierta responsabilidad en este final de dictadura. La prensa, como siempre, como conciencia de un pueblo y como herramienta de concienciación tiene una responsabilidad histórica.

¿La prensa? Sí, la prensa! ¿Habrá que recordar que una de las primeras cosas que hicieron los partidos de izquierdas, cuando (medio) salieron a la luz, fue convertir a su prensa, «Mundo Obrero» y «Trabajo» (éste, órgano del PSUC) en semanarios que trataban las corruptelas políticas, los pactos, etc., que se vivían a finales de la etapa franquista? Si aparecieron, más o menos públicamente, fue porque – y aquí ponemos el énfasis – era preciso dotar de elementos de juicio a una población que había sido, mentalmente, poco ilustrada a causa de los silencios, las connivencias y el «tú no te preocupes, tú a lo tuyo». El silencio de la prensa generalista fue un elemento crucial para que el franquismo muriera por razones biológicas.

Ahora bien, hubo una cierta prensa, la que tenía poca monta – y menos ayudas – que en los últimos años del franquismo sí adoptó un papel más beligerante. Fue la prensa que contó con una serie de periodistas, jóvenes muchos de ellos, que se dedicaron a la prensa de investigación. Esta prensa joven se dedicaba a levantar las alfombras de los ayuntamientos franquistas y los sindicatos verticales para denunciar las travesuras y corruptelas que podían descubrir. Quien esto escribe recuerda que entre estos jóvenes combatientes de la pluma había gente como un actual director – adjunto de La Vanguardia. Éste era uno de los que en el Brusi, casi diariamente, enviaba una crónica en la que se denunciaban las fechorías de los representantes del franquismo en los poderes municipales y sindicales.

Quien recuerda aquellos tiempos, sabe que por cuatro duros (que era lo que se cobraba por crónica), te dedicabas horas y horas a investigar, contactar y confirmar datos que servirían para hacer bajar del carro del poder a gente que hasta entonces era un pequeño rey de su reino. ¿Habrá que recordar, por ejemplo, el alcalde Porcioles, por poner un ejemplo? Aquella gente franquista, que manejaba las estructuras del poder municipal y sindical – no tanto por ser franquista, como por ser corrupta – fue constantemente perseguida por una prensa de investigación. Por una prensa que asumía que tenía una función de control. De ejercer, y asumir un papel importante. Un papel de cuarto poder.

Aquel romanticismo de juventud fue satisfecho en fecha del 8 de agosto de 1984, con la dimisión de Richard Nixon, fruto del empuje del periodismo de investigación del Washington Post. La prensa ejercía su poder, el poder de controlar el poder político. Éste fue el talante de mucha gente asociada a la prensa más débil del posfranquismo – prensa, que, subrayamos esto, desapareció: El Diario de Barcelona, Tele-Express, El Correo Catalán, Mundo Diario, entre otros. La Vanguardia, por cierto, no tuvo ningún papel digno en este campo.

¿Qué papel está haciendo en la actualidad la prensa catalana? El de una prensa amordazada por el dinero del poder de la Generalitat – sea del color que sea. Las subvenciones manan como las fuentes de Montjuïc. El silencio cómplice del sirviente atento a quien paga. Qui paga mana! (¡Quien paga manda!) No es de extrañar que esta prensa oficialista catalana, envuelta en subvenciones públicas – dinero tuyo y mío que sirve para difundir las consignas del poder – en ningún momento ha empezado a poner el dedo en la llaga y, por supuesto, no tiene ninguna intención de denunciar la deuda estratosférica que han contraído en los últimos años los gobiernos de la Generalitat. ¡Hablamos de 43.000 millones de euros!

«Todos hacen igual!» Escucho una voz, a mi espalda, mirando esto que escribo. Idéntica frase, lo mismo que me decían, en la última época del franquismo, aquellos que nadaban y guardaban la ropa, sin importarles que en el poder hubiera gente poco digna.

¿Dónde está la prensa catalana de investigación? ¿Qué hacen en este terreno los grandes periódicos como La Vanguardia o El Periódico?

¡Cuánta complicidad en este silencio!.

Ludwig von Mises: «La corrupción es un mal inherente a todo gobierno que no está controlado por la opinión pública».

Fuente: Caricatunya

Traducido del catalán por Solomirar.com

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