Pasando de Rusia y China: intervengamos en Siria ahora

 
Víctimas de las fuerzas de Assad, esperando ser atendidos en un hospital de Homs

Rusia y China han utilizado su poder de veto en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas para anular una ya de por sí diluida Resolución contra Siria, asegurándose de que la ONU no pueda realizar ninguna acción significativa en relación con la peor crisis que vive el mundo en este momento. Igualmente, la Liga Árabe se ha visto obligada a retirar a sus observadores, que no han pasado de ser meros espectadores de las depredaciones del régimen de los Assad.

Por lo tanto, estas vías para acabar con la opresión y el asesinato masivo de civiles sirios, por el momento, están cerradas. Mientras tanto, las atrocidades de Assad están adquiriendo de manera gradual la escala y el carácter de un verdadero genocidio. ¿Qué opciones quedan?

Es el momento de imponer un embargo total por mar a los envíos de armas al gobierno sirio. Esto significa principalmente un embargo a los envíos de Rusia. El embargo podría ser ejecutado por buques y patrullas aéreas de la Liga Árabe, con ayuda abierta o encubierta de las fuerzas de la OTAN.

Los gobiernos de la Liga Árabe podrían anunciar la retirada de sus representantes diplomáticos de cualquier país que violase el embargo. Se debería activar entonces una especie de línea de detonación: con lo cual, los buques con destino a Siria que se negaran a detenerse para someterse a un registro de armas habrían de ser detenidos a la fuerza. Aunque me opongo firmemente a la práctica de Israel de desactivar e inmovilizar barcos de ayuda con destino a la Franja de Gaza, se podría seguir una táctica similar para estos envíos de armamento. Todos los ataques o intentos de interferencia sirios deberían ser repelidos mientras que la infraestructura aérea y naval de Assad debería ser atacada para disuadirle de volver a las andadas.

No obstante, una coalición regional y extra-regional no podría poner fin a la provisión de armas por la vía aérea. En el caso de que Rusia incrementase esta actividad en respuesta a un embargo marítimo, hay muchas otras maneras de ejercer presión sobre el primer ministro Putin y el presidente Medvedev. ¿Es realmente probable que en medio de una crisis Rusia ponga en serio peligro sus relaciones con la mayor parte del mundo árabe (incluyendo una Siria post-Assad), y con muchos países occidentales, sólo para proteger a un cliente relativamente menor y vulnerable? Una sola palabra del Kremlin podría ser la que forzara a Assad a liar el petate.

Por otra parte, Irán también ha sido un aliado militar acérrimo del régimen de Assad. Sin embargo, los informes ya indican que Turquía está ejerciendo un control del corredor de armas entre los dos países, y ya ha detenido y confiscado por lo menos dos entregas de armas procedentes de Irán a través del territorio turco, la más reciente, a principios de enero. Esta labor de vigilancia podría fortalecerse.

Al mismo tiempo, Turquía y los países de la Liga Árabe deberían unir fuerzas con los gobiernos externos a la región para aumentar significativamente las entregas de armas y la asistencia de fuerzas especiales a los rebeldes del Ejército sirio. Los sirios deben tomar la iniciativa en el derrocamiento del régimen de Assad, y nosotros tenemos que apoyarlos.

Es difícil dilucidar alguna otra alternativa más realista a estas políticas, si es que el concepto de la “responsabilidad de proteger” a los civiles de un genocidio y de crímenes contra la humanidad significa algo en realidad. Hay indicios de que Assad está preparándose para mantener esta situación a largo plazo. ¿Pueden la región árabe y el resto del mundo mantenerse al margen y ver por la televisión vía satélite y YouTube cómo docenas o cientos de civiles son asesinados día tras día? ¿Vamos a permitir que las personas que luchan por la libertad frente a una dominación despótica sigan siendo asesinados por sus gobernantes, sólo porque las dictaduras cuentan con el apoyo de algunos otros de su misma clase?

Sospecho que las deserciones de las filas de Assad se incrementarían rápidamente en el caso de que medidas como las que aquí se propone fuesen adoptadas. Si el régimen cae, un gran número de fuerzas de pacificación de la Liga Árabe y de la OTAN o de la ONU deberían ser enviados inmediatamente a la zona, a fin de gestionar la transición y evitar una masacre de miembros de la minoría alauita a la que pertenece Assad, en previsión de ataques de “venganza”.

En estas circunstancias, tal vez incluso Rusia y China se suban al tren, a fin de proteger a los restos de la camarilla de su antiguo aliado. Pero la consideración de estos asuntos puede ser pospuesta, por el momento.

 Ahora es tiempo de intervenir de manera decisiva y multilateral.

Adam Jones, es Profesor asociado de Ciencias Políticas en la Universidad Okanagan de British Columbia (Canadá) y director ejecutivo del Centro de Documentación y Observatorio sobre Genocidios Gendercide Watch

Artículo original en inglés 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.