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Mas Dimissió

Mas debe dimitir. Es lo lógico tras los resultados del #25N. Presentó y justificó el adelanto de las elecciones en dos años porque deseaba «liderar» un proceso que estaba en la calle. Dijo «liderar», exactamente. Él se convertía, según su terminología salvadora de estos días pasados, en el «instrumento» de los deseos de un pueblo, «la voluntat d’un poble».

«Un poble» debe decirse, que fue convocado con toda la maquinaria de poder de Convergència, con autobuses y trenes gratis total para asistir a la manifestación multitudinaria del 11 de Septiembre (sí, han adivinado quien paga, en última instancia), manifestación a la que la gente asistió ciertamente en masa. Visto lo visto, se comprende que cada cual respondió a la llamada con sus motivos, todos respetables, desde la ilusión por el estado propio (…en Europa?) a la ilusión por el paseo gratis, la fiesta y el bocata. Desde el punto de vista de la gente, nada que decir, por tanto.

Pero desde el punto de vista del partido en el poder, sí hay que hablar. Y mucho. Porque esta manifestación que ellos mismos alentaron era una forma calculada de preparar el ambiente para la celebración de unas elecciones anticipadas con unos intereses cuyo trasfondo real está aún por conocerse (tarde o temprano lo sabremos porque la verdad es mañica, dicen), pero que no responden desde luego al interés del gobierno (tenían una cómoda mayoría y unos acuerdos con el PP que les funcionaba a las mil maravillas para implementar políticas neoliberales), ni a los intereses de los catalanes en el durísimo contexto actual.

Catalunya, por si alguien aún no se ha enterado está atravesando uno de los peores momentos de su historia. Estamos en bancarrota, estamos siendo rescatados en casi 5,5 millones de EUR (más intereses) por el estado, en primera instancia y por Europa, en segunda y nuestros bonos están en la categoría de bono basura. Y quienes están sufriendo las consecuencias directas de esta situación son las clases populares, que están siendo arrastradas sin miramientos al extremo de su resistencia – una resistencia que aguanta gracias a la solidaridad familiar y de algunas ONGs –  soportando un paro atroz que apunta a casi un millón de personas a las que la Generalitat, por cierto, no tiene NPI de cómo gestionar desde ningún punto de vista, ni laboral, ni formativo, ni asistencial ni de ninguna de las maneras; soportando unos recortes sociales y sanitarios (cierre de hospitales, supresión de personal y funcionarios que desempeñan trabajos de primera necesidad, de proyectos asistenciales, instauración del euro por receta, suspenso de las ayudas a la dependencia…etc) mientras se otorgan subvenciones multimillonarias a medios de comunicación para que hagan de sonrojante NODO de las tesis del govern en todos los rincones del territorio.

Eso al tiempo que se acalla a los disidentes con el ostracismo, cuando no con la denuncia directa (caso de la revista cafeambllet, que sacó a la luz la extendida corrupción de CiU en el sector de la sanidad); mientras se gastan cantidades astronómicas en salarios para personal y alquiler de locales de embajadas en los barrios más exclusivos de las grandes metrópolis mundiales (Nueva York, Berlín, Londres, Buenos Aires, París…) y de entes públicos que no sirven para otra cosa que para colocar a los miembros y allegados de esta casta que se ha adueñado de las instituciones autonómicas de Catalunya, en gran parte, gracias a la desafección que su discurso provoca en gran parte del electorado. Una desafección conocida de sobras (y con la que se cuenta) pero que el discurso oficial ignora, más interesado en hablar de la «desafección de los catalanes» hacia España, el archi-útil enemigo patrio.

En esta situación, hemos perdido un tiempo precioso para pensar en cómo salir de este atolladero económico con políticas efectivas de reactivación y dinamización del agonizante tejido económico del país, en buscar soluciones imaginativas y solidarias para evitar el desmantelamiento del estado del bienestar que protegía a los más débiles.

En su lugar, llevamos unos meses cruciales (y lo que queda) dedicados a repensar y darle vueltas al mito de Itaca y de las identidades perdidas y de cómo me la maravillaría yo para montarme un estado propio en Europa pero fuera de la UE, y que si sería legal o legítimo y que si son galgos y son podencos. Es exasperante escuchar a la claca  gubernamental debatiendo cuestiones encaminadas a desvíar nuestra atención de esta tremenda espada de Damocles que está a punto de cargarse definitivamente, y para siempre, lo que queda de clase media catalana.

En lugar de obrar urgentemente para rescatar a las personas que están acosadas por los deshaucios, por la pobreza y el riesgo de exclusión (día sí, día también, me topo con gente rebuscando en los contenedores, algo que no había visto antes en mi ciudad), nos hemos gastado alrededor de 35 millones de euros – superando con creces la cantidad que ha reportado el dichoso euro por receta  que ha complicado aún más la vida de madres, abuelos y enfermos crónicos –  en una campaña electoral que le sirve al Sr. Mas para dilucidar la entelequia de «ver dónde estamos» en este proceso de ascenso a la gloria de los estados-nación del mundo.

En un proceso que, como dijo ayer, con toda la cara de cemento armado que fue capaz de exhibir y sin ningún atisbo de autocrítica, continuaría, junto con otros. «Porque así lo había querido el pueblo de Catalunya». Me queda claro que Mas sabe donde está «el pueblo de Catalunya». La pregunta es: ¿sabe él donde está él?. ¿Con qué crédito cuenta?. ¿Qué va a liderar ahora?. ¿Piensa salir vivo de un co-gobierno con Esquerra Republicana?. Hable con Montilla, que le dará detalles…

Y entretanto, dimita, Sr. Mas, Honorable President, ya que Vd. se llenó la boca hablando de «democracia» y de la importancia de las consultas, de «escuchar la voz del pueblo», dimita si le queda algo de vergüenza y de honestidad. Dimita o que le dimitan. No nos haga sufrir más su ridículo discurso charltonhestoniano. Ya basta. Todos – Vd. y nosotros – sabemos que nos ha conducido a un callejón sin salida, en donde vaga el fantasma de nuevas convocatorias de elecciones que aún nos pueden arrastrar a un contexto peor, a una interinidad sin fin. Lárguese y tenga la decencia de pagar los platos rotos de su aventura, que es sólo una parte de su gravísima irresponsabilidad.

Quédese tranquilo que la otra parte, ya se sabe, la peor, la pagamos los de siempre.

 

Redacción

Solomirar.com

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