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Los crímenes de Assad: la responsabilidad del mundo

Editorial The Guardian, 8 de abril de 2018

El hecho de que Siria utilice nuevamente armas químicas contra su propia población este fin de semana es un acto tan desvergonzado como bárbaro.  Decenas de personas de los suburbios bajo el dominio de los rebeldes en el distrito de Duma fueron asfixiadas por el ataque químico del pasado sábado. No es la primera vez que esto sucede. Desde el uso de gas sarín en Khan al-Assal en 2013 han tenido lugar decenas de ataques perpetrados por el régimen sirio. Ataques deliberados sobre la población civil que muestran un cruel desprecio por la humanidad y una ignorancia absoluta de las normas básicas de la guerra. Las denuncias sirias de que estos últimos crímenes no son otra cosa que un montaje sobrepasan todos los límites imaginables.

Y aún así, Bashara al-Assad ha usado nuevamente armas químicas por dos razones que no sólo son motivo de vergüenza para él. En primer lugar, lo ha hecho porque tiene los medios y la voluntad para ello. Y en segundo lugar, porque sabe que puede hacerlo sin que le reporte más consecuencias. Los crímenes son suyos pero han sido posibles, entre otras cosas, debido al fracaso de cualquier intento efectivo de sanción legal, diplomática y militar.

Algunos podrían preguntarse por qué, dado que el lento estrangulamiento de los suburbios de Ghuta en el Este de Damasco parece acercarse a su clímax más espeluznante, el gobierno siente ahora la necesidad de violar, una vez más uno de los tabúes, más viejos de la guerra. Para responder adecuadamente, es necesario profundizar en los terrenos más oscuros de la psicología de un régimen que celebra el uso abrumador de la fuerza, la necesidad de aterrorizar a los civiles y el derecho a castigar indiscriminadamente a los opositores como arma política.

No nos habrá de sorprender, sin embargo, menos aún a la luz del envenenamiento del ex espía Skripal, que Rusia tenga una responsabilidad fundamental en el asunto. La fuerza aérea siria pudo bombardear Duma porque Rusia controla el espacio aéreo occidental de Siria. Asimismo, asesores rusos están presentes en las bases aéreas de las que despegan los aviones rusos. Quizás los rusos no estén directamente implicados en las decisiones individuales de los sirios pero, sin duda, están proporcionando una cobertura militar y diplomática activa en el uso de armas químicas por parte del régimen de Assad. El veto implacable de Rusia a cualquier paquete de medidas de respuesta de Naciones Unidas a estos hechos supone una luz verde para que Assad y los suyos asesinen a sus propios niños.

La inminente caída del este de Ghuta no marcará el final del conflicto sirio, sino que es más probable que inicie una nueva fase. Con Damasco más seguro, y el Isis inmovilizado, al menos temporalmente, el país se dividirá efectivamente en tres flancos. El régimen de Assad, patrocinado por Irán y Rusia, los kurdos aún bajo la protección incierta de Estados Unidos; mientras que un área al norte de Alepo está controlada por los turcos. Esto es un panorama poco más estable que cuando la revuelta contra Assad comenzó en 2011. Sin una solución diplomática, improbable a día de hoy, las trágicas muertes en Duma probablemente no serán las últimas.

 

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