Londres 2012: la ceremonia

Está claro que todos los países hacen de su capa un sayo en el momento de diseñar una ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos y, desde luego, que Londres se lo ha hecho absolutamente a su medida en la ceremonia de apertura de los XXX Juegos de la Era Moderna. Un evento de esta naturaleza está concebido como el momento de máxima audiencia en el que colocar el spot más caro que uno pueda imaginarse, que lo es, sin ningún género de dudas. Por eso es importantísimo acertar con la idea, con la posibilidad de llevarla a la práctica y, lo que es más importante, con todo el proceso que hay que seguir para que en el momento final de su ejecución, pueda llegar al espectador último (que puede no saber nada o poquito de Londres, de Gran Bretaña o de los Juegos) y pueda  comprender el mensaje, si no en su totalidad, sí en su mayor parte.

Honestamente, no estamos seguros que eso se consiguiera en la noche de ayer. Creemos que el evento pecó de querer contarlo todo, habiendo, desde luego, mucho que contar: la Revolución Industrial, los derechos de las mujeres, el sindicalismo obrero, la sanidad pública británica…Sí, sí, son grandes logros pero quizás hacer de todo ello una representación musical-teatral exhaustiva de cada tema cuando tenían que desfilar doscientas y pico de delegaciones, traer la bandera olímpica, la llama, encender el pebetero…en fín, que un poco largo sí se hizo, hasta el punto de que cuando apareció la mismísima delegación de Reino Unido, la propia Reina Isabel  estaba la mujer ya a lo suyo, pensando en lo que tenía que hacer al día siguiente y apenas se dió por aludida.

Lo mejor, por supuesto, las notas de humor (la Reina transportada en helicóptero junto al propio Agente 007), las cositas de Rowan Atkinson, algunos momentos de espectáculo de danza de factura y escenificación sublime y las alusiones a la excelencia musical británica que. a partir de la segunda mitad del siglo XX, sin duda, han contribuido a hacer las vidas de los habitantes de este mundo mucho más felices. Desde luego, impresionantes los aros olímpicos forjados flotando sobre el estadio (cómo habrán montado eso?) y bellísima la idea de hacer entrar a cada delegación con una parte que conformaría el pebetero que finalmente encendió la llama de estos juegos.

En conclusión, aunque China nos provoca a todos alergia como régimen, debe admitirse que la concepción de la ceremonia inaugural olímpica de Pekín tuvo un planteamiento más universal, mejor hilo argumental y una mejor definición visual, desde el punto de vista estético y conceptual.  La ceremonia de Londres tenía demasiados impactos, deshilachados, tanto es así, que, en algunos momentos, sin un libreto a mano, no se sabía hacia dónde mirar. Eso sí, entre impacto e impacto se podían encontrar verdaderas joyas, sin ir más lejos, nada menos que un  Kenneth Branagh recitando a Shakespeare. Y a pesar de que, no se supiera muy bien a qué venía a cuento el párrafo en ese momento concreto del evento, escucharle era una delicia:

Be not afeard. The isle is full of noises,

Sounds, and sweet airs, that give delight and hurt not.

Sometimes a thousand twangling instruments

Will hum about mine ears, and sometime voices

That, if I then had waked after long sleep

Will make me sleep again; and then in dreaming

The clouds methought would open and show riches

Ready to drop upon me, that when I waked

I cried to dream again.

Traducido, más o menos:

No tengais miedo;

la isla está llena de ruidos, sonidos y aires dulces, que dan deleite y no dañan.

A veces, mil instrumentos vibrantes zumban sobre mis oídos;

y otras, voces que, si he despertado tras un largo sueño,

me hacen dormir de nuevo: y en esos sueños, las nubes parecen abrirse

y mostrar maravillas listas para caer sobre mí;

tanto así que, al despertar, pido llorando soñar de nuevo.”

Shakespeare – La tempestad, acto III

¿Quizás “la isla” se refería a Gran Bretaña?… Sí es así, permítasenos adjudicarnos un minipunto a partir de ya…

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