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Cuando prohibir es proteger

  

 Miguel Ángel Barrachina, coordinador de la exitosa campaña “No con mi voto”, que instaba a los políticos del Parlamento catalán a atender la demanda popular propulsada por la ILP  a favor de la prohibición de las corridas de toros, escribe este texto sobre la manipulación del concepto de la palabra “prohibir” por parte de políticos y medios de comunicación con respecto a este tema.        

 Cuando prohibir es proteger 

         

Flagelación de una esclava negra (William Blake, 1796)

 Últimamente el verbo prohibir es uno de los más conjugados en los medios de comunicación. Los que dicen no creer en prohibiciones incluso han desempolvado  la máxima revolucionaria del Mayo del 68 “Prohibido Prohibir”. Con todos mis respetos para los que lucharon por la libertad en los sesenta, aparte de ser una contradicción semántica, prohibir el acto de prohibir es una prohibición, es uno de los simplismos más incongruentes  jamás acuñados. Imagino que por entonces la famosa consigna adquirió gran popularidad entre la juventud que renegaba del autoritarismo de sus mayores y defendía así las  señas de identidad de su generación. Algunas de ellas como el uso habitual de drogas opiáceas y ácidos alucinógenos como el LSD, hoy están terminantemente prohibidas. Me pregunto porqué estos nuevos paladines de los derechos individuales no claman al cielo dia sí y otro también por ello.         

 Cuando el “prohibido prohibir” salé de boca de un político, resulta imposible no achacarlo a  una vaga justificación, ya que no se puede aducir desconocimiento. En defensa del repudiado verbo, hay que aclarar que prohibir en sí mismo no es ni bueno ni malo, lo es aquello que se prohíbe o se permite. A los dictadores les bastaba con prohibir la libertad a secas, de un plumazo. En democracia la prohibición obedece a un motivo muy concreto. Podríamos citar centenares de ejemplos de los que nadie dudaría. La ley mediante la regulación y si procede la prohibición hace las veces de “corsé moral”  para el egoísmo y  los más bajos instintos naturales del ser humano.           

Otra cosa muy distinta es el desigual nivel de evolución ética de los pueblos o las personas. Prohibir la tortura es algo en lo que el 99% de la humanidad ya está de acuerdo. El porcentaje de los que creemos que no importa cual sea la especie del maltratado o torturado va en aumento y seguramente en un futuro más o menos lejano se equiparará al consenso actual cuando  las víctimas son humanas.           

  Miguel Ángel Barrachina Roger         

    

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One comment

  1. prohibir la tortura animal es signo de civilizacion, nos cuesta demasiado diferenciar la prohibiciones para garantizar derechos de las prohibiciones represivas, por eso los politicos han amañado eso del prohibido prohibir a su manera…una vergüenza!

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