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La maldad como contenido televisivo

Desde sus inicios en 1990, la cadena Telecinco, gestionada por el grupo Mediaset España Comunicación, siempre ha mantenido una peculiaridad respecto a sus rivales en el panorama mediático. Ya de entrada tomó posiciones en su lucha por las audiencias llevando el tono de la programación unos pasos más allá de las líneas convencionales que la televisión no había transgredido hasta entonces.

Primero, las Mama Chichos irrumpieron a todo color en los hogares españoles con su exuberante parafernalia y unas canciones picantillas que escandalizaron un rato y que hoy, en el recuerdo, suscitan cierta dosis de ternura.

Cuando, poco a poco, el terreno de la moral sexual dejó de ser motivo de escándalo, la cadena exploró otras posibilidades que mantuvieran al espectador en vilo, recurriendo a un morbo, cada vez más insano en el que “el espectáculo” resultante devenía una cuestión denigrante, no sólo para sus protagonistas o participantes sino, sobre todo, para los telespectadores.

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En este capítulo tenemos dos claros exponentes, con un precursor, el “Aquí hay Tomate” y una secuela que lo ha superado en vileza, si cabe, que es “Sálvame”, y su edición vespertina de los viernes “Sálvame deluxe”, todos ellos producidos por La Fábrica de la Tele, una empresa audiovisual especializada desde 2009 en cocinar, por lo que parece, al gusto de la corporación Mediaset.

Y decimos al gusto de Mediaset porque creemos que es, precisamente, este grupo filial de su matriz italiana, el que contribuyó notablemente a introducir en España la peor sal gorda televisiva. No podría ser de otra forma puesto que es propiedad de Berlusconi, ex-primer ministro de Italia, cuyos chistes y aficiones extralaborales hacen sonrojar a medio país transalpino. Que seamos fans irredentos de Italia en la mayoría de ámbitos no significa que ignoremos sus defectos cuando los hay.

Aún así, los chistes, son sólo chistes al fin y al cabo y el mal gusto no deja de ser una apreciación subjetiva, pero lo que sucede en programas como “Sálvame”, en el que los ataques personales directos, feroces entre colaboradores son el plato cotidiano, no tiene tanto que ver con el buen gusto ni con la moral, sino con cuestiones éticas de las que no está tan claro que se deba pasar de largo. Los colaboradores, la mayoría de las veces inducidos por los presentadores, se retratan casi a diario mostrando las emociones más rastreras y ruines: rencor, envidia, pésima educación…etc. y ejerciendo un mobbing continuado entre compañeros. Y lo malo es que no fingen, sino que, salvo en contadas ocasiones. es la pura realidad. Neorrealismo televisivo, le llaman.

En horario infantil se muestran las peores dinámicas de grupo que puedan existir: se recrea un ambiente fascistoide, barriobajero, en el que se suele buscar una “presa” o chivo expiatorio con el que cebarse cual manada de hienas y en el que, además, todos desean a toda costa estar a buenas con el “fuerte”, sea el inefable gritón Matamoros o Mila Ximénez, ex-musa de los fiestorros marberllíes transmutada en deplorable mujer barbuda. Actuando a sus anchas como una mamporrera de suburbio,  se dedica sin recato alguno a sacar espuma por la boca atacando sin piedad en lo personal, faltando al respeto más elemental y saldando en directo sus cuentas pendientes de la forma más lamentable con quien se le ponga por medio, tal y como sucedió hace unos días con la otrora influyente periodista del corazón Ángela Portero.

Otras veces, tipos de oficio desconocido como Kiko Hernández practican su especialidad de deleitarse en ridiculizar y gastar “bromas” que rayan el maltrato psicológico, sobre todo a mujeres entradas en años, en su mayoría, a ex-profesionales que se prestan a salir en la tele al precio que sea: caso de la impertinente periodista Karmele Marchante,  o de Marujita Díaz, una célebre trabajadora del espectáculo de los años 50 y 60 del siglo pasado.

“Es lo que quiere la audiencia”, dicen los directores de estos programas. Pero tenemos nuestras dudas. Mucha gente que se sienta en su sillón por las tardes, simplemente, se traga lo que le dan, especialmente si son personas mayores o niños en busca de la compañía que a menudo falta, aunque esta compañía sea la peor posible.

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También se nos dirá que hay gente a la que le gusta la caña y que por eso también triunfa Risto Mejide, de nuevo en Telecinco, ¡qué casualidad!, humillando a los voluntariosos concursantes de un concurso de talentos llamado “Tú sí que vales”. Entendemos, desde luego, que las gafas de sol tras las que se esconde, contribuyen a otorgar un cierto misterio y distinción a todas las sandeces que profiere desde su profundo desconocimiento de la mayoría de disciplinas artísticas que se atreve a juzgar .

Y es que, con gafas, cualquier gañán parece otra cosa. “Yo no te compro” insiste en repetir Risto a muchos artistas a los que no llega a la suela de los zapatos. ¡Pues qué alivio!. Pero, habría que preguntarse, ¿es lícito que los concursantes de un talent show tengan que someterse a un trato humillante?. Es como admitir que los funcionarios de Trabajo tienen derecho a mofarse de los parados en la cola del INEM. ¿Qué diferencia hay?.

Pero ¿podrían estos programas tener el mismo éxito si prescindiesen de esa exaltación del componente mezquino que todo ser humano alberga en su interior?.

Si en lugar de colaboradores o jurados haciendo gala de su grosería nos procurasen la presencia de gente con talento, de expertos de los que aprender algo (experto no significa aburrido, hay que aclararlo); de profesionales con el empeño de trabajar dignamente, que no se vean obligados a mostrar sus miserias para tener trabajo, ¿caería la audiencia?. ¿Es necesario tolerar tal parada de monstruos en la parrilla televisiva?.

La televisión es un espejo en el que nos vemos reflejados todos los días y no es plato de gusto vernos hechos unos zorros día sí y día también. Incluso se puede  hacer cotilleo, montar circos y saraos con gracia y alegría (¡hola Pablo Motos y hormiguitas!). No es necesario hacer sangre de la necesidad de un país en crisis para entretener aunque, ciertamente, entretener en positivo requiere, como decimos, talento, ingenio y profesionalidad, algo que por lo visto, a los jefes de Mediaset no les interesa demasiado. Ellos han impuesto este lamentable son y el que quiera bailar ha de hacerlo a su manera.

Y nuestros estudiantes de Periodismo, entre tanto, haciendo sus maletas.

 

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Solomirar.com es una revista digital independiente creada en 2010.

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