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José María Iñigo: Un pasado que sí fue mejor

Más allá de las nostalgias que a veces – seguramente, las más – nos endulzan la fotografía de épocas pasadas y alejan de nuestra memoria los malos momentos como por efecto de una suave y apenas imperceptible brisa veraniega, cabe destacar y reconocer que algunas cosas que vimos y vivimos antaño son definitiva y objetivamente mejores que las del presente. Entre ellas, muchos aspectos de la televisión.

Así, analizo el recuerdo de presentadores de programas de entretenimiento de aquella TVE tardofranquista y de la primera transición que acompañó mis días de niñez y adolescencia y pienso en hombres y mujeres que, aunque trabajaban dentro de un régimen y un sistema que les impedía desarrollar su labor con total libertad, destacaban por una singular excelencia en el ejercicio de su labor. Me viene a la cabeza la exitosa pareja Joaquín Prat y Laura Valenzuela, presentadores de aquéllas “Galas del sábado” en las que participaba el todo musical de la época en nuestro país y que conducían con la elegancia y seguridad suficiente para hacernos olvidar que en realidad estaban leyendo un guión.

El tándem Joaquín Prat -Laura Valenzuela, un clásico de la televisión de finales de los 60 y 70

 

Pero, sobre todo, pienso en dos que ya no están con nosotros desde fechas recientes: el gran José Luís Uribarri y José María Iñigo, fallecido esta semana.

 

 

Aunque algunos medios han titulado que Iñigo era “el presentador de Eurovisión”, no es del todo cierto, ya que este mérito no puede ser arrebatado a Uribarri, que era la auténtica enciclopedia del Festival y conocía absolutamente todos sus detalles y recovecos, hasta el punto de adivinar el 98% de los votos que cada país iba a otorgar a sus contrincantes en cada momento; Uribarrí sabía además la vida y milagros, anécdotas y curiosidades de prácticamente todos los concursantes del evento desde su primera locución en 1969 hasta la edición de 2010, fecha en que hubo de dejarlo por motivos de salud. Iñigo le sustituyó y como no podía ser de  otra manera, lo hizo estupendamente, pero la pasión y el sentimiento de Uribarri por Eurovisión era un listón muy difícil de superar.

 

José Luís Uribarri y la cantante Karina, dos referentes de Eurovisión para TVE

 

Dicho esto, Iñigo ostenta un honor que ya nadie podrá arrebatarle nunca y es que, si ha habido un rey de la televisión del entretenimiento en este país, fue él. Y ese trono quedó vacante desde que él dejó de ocuparlo. A quienes argumentan que la televisión que él nos brindó con sus legendarios Ritmo 70, Estudio Abierto y Directísimo no debía someterse a la competencia de otros canales, les diría que ningún presentador de entretenimiento de las décadas sucesivas, en los diversos canales, ha reunido jamás sus competencias profesionales. Iñigo era un maestro de maestros, como estos días se ha dado en reconocer, pero no fue por casualidad. Se preparó a conciencia para ello desde muy joven y con los pocos medios que la época y sus orígenes absolutamente humildes  pusieron a su disposición.

Los inicios de José María Iñigo en la radio musical (Cadena Ser)

 

Cierto es que desde entonces el propio concepto de televisión de entretenimiento ha experimentado un cambio dramático, pero ¡qué quieren!, sigo prefiriendo un tv host que espere a que el invitado pueda articular una respuesta y consiga expresar aquéllo que quiere, antes de acribillarle a preguntas como si de un interrogatorio se tratase; que escuche activamente como método de trabajo, en lugar de estar mirando los papeles para ver cuál es la siguiente cuestión; que mantenga un tono cordial de conversación dentro de la corrección, la educación y el respeto entre interlocutores (el respeto circula en dos direcciones, hacia el invitado y hacia el público simultáneamente, algo que hoy en día suele olvidarse); O que no se exhiba como protagonista o estrella de un show, sino que actúe como un mero intermediario que representa a la audiencia, sin interrumpir cuando no viene a cuento o apostillar al invitado con opiniones propias o comentarios banales y totalmente prescindibles.

Y que esté en posesión – esto ya hoy en día es pedir mucho – de un acervo cultural y un nivel intelectual y de idiomas (Iñigo hablaba perfecto inglés en aquélla España cañí de inicios de los 70) que le permita mantener el tipo (léase un nivel de interacción digno) frente a cualquier invitado que se le ponga por delante.

Todo ésto lo tenía Iñigo y los que le pudimos disfrutar en aquéllos tiempos, lo sabemos.

No, no todo tiempo pasado fue mejor y estoy convencida de que aquéllos tiempos no eran mejores que éstos.

Excepto en algunas cosas.

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Solomirar.com es una revista digital independiente creada en 2010.

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