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Manifestación contra los recortes en Barcelona

Independencia, libertad y mayorías silenciosas

Manifestación contra los recortes en Barcelona

Enternece la frase del president de Catalunya, Artur Mas, “anímicamente estaré en la manifestación, pero como presidente, no puedo asistir”. Es aquella historia candorosa del “te quiero, sí, pero no puede ser”, el leif motiv de las grandes historias de amor del imaginario colectivo que cuando cae en boca de un político adquiere una dosis de patetismo tal que, no es que pierda la magia del concepto en sí, es que, directamente, da pena. Y decimos pena porque si hay alguien que lleva meses y meses preparando esta gran manifestación de la Diada 2012 es Convergència i Unió, con todos sus medios de comunicación subvencionados puestos a la labor de difundir el mensaje de que ha llegado el momento de “la libertad”. Pero la pregunta que se nos suscita es: ¿de qué libertad o de qué indepedencia estamos hablando?, ¿hasta qué punto tiene esta exigencia relación con lo que de verdad preocupa o anhela la mayoría de la población catalana?. Nos movemos en un terreno delicado porque en Catalunya – quienes somos catalanes y/o vivimos allí lo sabemos – tiene un grueso de ciudadanía, una gran mayoría civil silenciosa que se siente ajena, muy distante de la política, algo que no tiene que ver necesariamente con el origen (por mucho que haya más de un racista recalcitrante que lo considere así), ni con el hecho de querer a la tierra y de amar y preservar la cultura e identidad propias, ni tampoco con la voluntad de cuidar y preocuparse por el medio ambiente y la sostenibilidad de este país enclavado en un rincón del Mediterráneo.

Se puede querer a la tierra de muchas maneras y, cuando hay amor verdadero, todas son lícitas. Puede ser un amor exclusivo o un amor compartido. Pero la política, como todos sabemos, es una cosa y el sentimiento es otra, por mucho que demasiados políticos, en Catalunya y fuera de ella, utilicen los sentimientos de la ciudadanía, todos ellos respetables en un sentido o en otro, independentistas o no, catalanes, o españoles, o catalano-españoles…; el caso es que cada uno siente lo que siente, y todo debe respetarse, tanto si uno se manifiesta como si guarda silencio. Y de la misma forma que no se puede exigir sentirse español a alguien que sólo se identifica como catalán, tampoco se puede pasar por encima, como si no existiera, de aquel que se siente ambas cosas, obligándole a elegir entre el padre y la madre o lo que  es peor, diciéndole que el padre – o la madre – no han existido nunca.

Pero lo que es imperdonable, en cualquier caso, es que un partido mantenga una doble agenda destinada a – según lo que toca en cada momento – sacar los votos de una y otra parte a base de mantener una ambigüedad calculada del tipo al que aludíamos…”yo te quiero, si, pero no…”. Lo malo es que en  Catalunya (como en España) hay muy poquito donde escoger – por no decir, casi nada – y después del fiasco tripartito, la “mayoría silenciosa” se lanzó en masa a votar lo malo conocido con la nariz tapada – por no irse a partidos reconocidamente soberanistas o a los PPs o Ciutadans, cuyo elemento diferenciador se fundamenta en cargar contra la inmigración extranjera o en defender el retorno de las corridas de toros, asociándolas, a mala leche o por pura ignorancia, con un sentimiento antiespañolista, cuando las corridas también fueron en su tiempo una (salvaje) tradición catalana.

Sea como sea, el caso es que la manifestación del 11 de Septiembre le cae a Convergència i Unió como el maná del cielo, este debate, en nuestra opinión, “de arriba abajo” sobre la indepedencia fomentado desde los medios de comunicación y algunas instancias de poder es la forma ideal de distraer la atención del personal en momentos muy, pero que muy delicados . Ni en sus mejores sueños podían los máximos responsables del partido en el poder imaginar que podrían dejar en un segundo plano todas las protestas de distintos colectivos contra los sangrantes recortes en sanidad, educación, servicios sociales y sueldos de funcionarios rasos, mientras embajadas, oficinas de representación y negocios en el exterior y organismos públicos duplicados o directamente inútiles que cuestan una millonada permanecían prácticamente intactos (que para algo son puestos reservados para familiares y segundos rangos de los partidos); Al igual que toda la información sobre los casos de corrupción como el saqueo del Palau de la Música (por el que Convergència ha tenido que pagar una fianza de 3,3 millones de euros por recibir “cantidades opacas de dinero”) o la trama empresarial que amañaba los concursos para conceder las ITV y en la que Oriol Pujol, el delfín hijo de Jordi Pujol y llamado a suceder a Artur Mas figura por parte de la Agencia Tributaria como “colaborador necesario” ha ido quedando solapada y tapada por la marea mediática que llama a convocar a la sociedad civil catalana para que demuestre su “vitalidad”. Ya no sería extraño que incluso pusieran en las pancartas algunos de los lemas o reivindicaciones del 15-m, ese movimiento genuinamente ciudadano, pacífico y de gran arraigo en Catalunya al que Convergència i Unió, Felip Puig mediante, echó a porrazo limpio de Plaça Catalunya en Mayo de 2011 para que, supuestamente, no “estorbara” la celebración del  Barça.

Desde luego que es sano, sanísimo que la gente se manifieste. Lo que no es sano es que se la manipule. Y si se pide la independencia, como decimos aquí, ep! parlem-ne, hablemos de ello. ¿Qué resultados tangibles para el ciudadano tendría la soberanía de Catalunya? ¿Seríamos los catalanes más libres?. ¿O sólo serviría para que la gestión del dinero cambiase de manos?. ¿Tendríamos también nosotros más poder? ¿Se nos consultaría directamente sobre la forma en que se gasta o se redistribuye el dinero? ¿Ya no nos disolverían a porrazos de Plaça Catalunya por protestar pacíficamente por algo que no figura en la agenda gubernamental de la Generalitat?. ¿Tendríamos unos medios de comunicación con las manos libres para criticar al gobierno y destapar casos de corrupción? ¿O nos debería bastar echarnos unas risitas en casa con las caricaturas soft de los políticos en “Polònia”?.

Pensamos que antes que independencia política, debemos lograr una independencia social del poder (y también cultural, pero ése ya sería otro debate, demasiado amplio para este espacio): en Catalunya se hace imprescindible una mayor independencia de los medios de comunicación y un sistema que garantice la total transparencia y honorabilidad de los principales actores políticos y económicos  y de las instituciones. Si esa premisa no se cumple, que el estado cambie de manos, sin más, no nos hará más felices ni tampoco seremos más libres como ciudadanos y sobre todo, lo que es más importante, como  personas. Antes de crear nuevos estados, necesitamos fortalecer nuestra sociedad civil. Para que la sociedad civil sea fuerte y dinámica como lo fue en los tiempos mucho más adversos del franquismo debemos protegerla de la intervención por parte de los intereses gubernamentales, enriqueciendo y potenciando los movimientos integradores, “de abajo arriba”, la educación y la información sin trabas. Sólo así conseguiremos que las mayorías en Catalunya dejen de ser apáticas y silenciosas.

Redacción

Solomirar.com

Fotografía: Jesús G. Pastor

 

Nota: Recomendamos la lectura del historiador Joaquim Coll Pacto Fiscal, la Verdad de las Mentiras

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Solomirar.com es una revista digital independiente creada en 2010.

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