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Independencia, la meta innombrable

Sorprende – o ya no – de que el término «independencia» se utilice más fuera de Cataluña que en la propia Cataluña en el marco del debate soberanista. Aquí, este término está desterrado, en los periódicos, en las televisiones, en el gobierno; prácticamente, no se usa. Raro, pero es así.

¿Pero por qué no se utiliza el término clave, el motivo principal, la raíz de todas las discusiones?, ¿no estamos hablando de independizarnos de España?. Pues sí… pero no. Hasta el punto en que empezamos a sospechar, a maliciarnos que con la subvención va el manual de estilo y que con el manual de estilo va la consigna dirigida a disciplinados periodistas, tertulianos, políticos y afines de no utilizar el término. O de evitarlo en la medida de lo posible. En su lugar, se repite ad infinitum el mantra el «derecho a decidir». Pero ¡ojo!, que no es un derecho a decidir sobre ciertos temas que nos afectan directamente a los catalanes, como, por ejemplo, la sanidad, la educación, la vivienda o el trabajo. No, sobre eso no va el derecho a decidir ni la consulta que Artur Mas y Oriol Junqueras pretenden celebrar en 2014. Sin embargo, el loable derecho a decidir no da derecho a confundir.

Pregunta direccionada

El derecho a decidir que plantea el gobierno de la Generalitat se circunscribe a la independencia política de Cataluña de España. O sea, primero nos emancipamos y después ya se verá todo lo demás. Ya, si eso… lo hablamos. Y si los políticos están poniendo todo el poder en sus manos – medios de comunicación, administración autonómica y local, organizaciones económicas y culturales, clubs de fútbol…etc –  al servicio de la consulta, nadie puede estar engañado a estas alturas de que su intención es que la respuesta sea un SI. O sea, no es un derecho a decidir entre dos opciones que parten con igualdad de posibilidades, es una pregunta direccionada a una respuesta, no en vano, una de las propuestas que baraja Artur Mas para la pregunta principal de la consulta es: «¿Desea Vd. que Cataluña sea un nuevo estado de Europa?». En ningún caso se plantean el Sr. Mas o el Sr. Junqueras una pregunta del tipo: «¿Desea Vd. que Cataluña sea un estado independiente de España?».

¿Se ha preguntado alguien por qué todo el proceso soberanista está basado en un gran eufemismo?. ¿Por qué no existe en el contexto catalán un debate real, franco y abierto sobre la independencia?. ¿Por qué ningún político, incluyendo a Oriol Junqueras se atreve a defender abiertamente su opción y prefieren alimentar un circunloquio sobre «el derecho a decidir» cuando este derecho sólo se contempla sobre una cuestión muy concreta y delimitada que a ellos – muy en especial – les interesa preguntar?.

 

Desde lejos se ve más claro

 

Quizás la clave a esta falta de claridad, a esta ausencia de franqueza y de llamar a las cosas por su nombre nos venga del exterior, desde fuera de España, porque en el resto del país ya andan bastante atónitos y, lo quieran o no, unos y otros, ésta también es una cuestión que les afecta; son, por tanto, ellos también, parte del litigio.

De que las cosas hoy en día en Europa van por otro lado quizás sea un síntoma el vacío que sistemáticamente están realizando todas las instituciones europeas más relevantes a las ofensivas y opacos diplocats (que no sabemos lo que cuestan, por cierto) del gobierno convergente, incluyendo el encuentro fallido del Molt Honorable con el ministro de defensa francés (¿buscaría ponerse bajo la protección del ejército galo a cambio de «olvidarse» de reclamar Perpignan para el futuro estado?).

La clave exacta de la cuestión nos la dio, hace ya varios meses, una acertadísima periodista sueca, Teresa Küchler, cuando, en el curso de una conferencia, describió la estrategia de Artur Mas como intelectually dishonest, esto es, intelectualmente deshonesta, por no tener el coraje de plantear sus intenciones de una forma, abierta y franca a los catalanes, recurriendo en su lugar a una trampa intelectual y dialéctica.

Un debate manipulado

Muy pocos son los que aquí se atreven a llevar la contraria a esta marea de opinión auspiciada por el gobierno. Los que se atreven a alzar la voz en contra o a mostrar discrepancias son tachados de «fachas», españolistas o de lo que sea, sin tener en cuenta ni tan siquiera la trayectoria política o personal de estas personas. En cambio se aplaude a los que por convicción o por obligación (que hay que comer caliente todos los días y hay mucho paro) se suman al carro del gobierno.  A éstos nadie les mira el expediente, habiendo en muchísimos casos bastante donde mirar, incluso si nos retrotraemos a la época franquista.

Pero lo peor de todo esto, especialmente para la ciudadanía, ya bastante asfixiada con el empobrecimiento paulatino a que se ve sometida, es que nadie osa poner en público de relieve las dimensiones de esta gran mentira, que es el fraude esencial de este debate en el que nunca se dice a las cosas por su nombre. Y pasan los meses y así seguimos en Cataluña, sumidos en una enorme y densa cortina de humo que nadie, para regocijo de este tramposo President y quienes están en su barco, acierta a despejar.

Esperemos que el día en que el humo desaparezca y la verdad quede al descubierto no sea demasiado tarde. Tan tarde como para no tener vuelta atrás, o no encontrar los instrumentos que la democracia nos otorga – o nos otorgaba –  para pedir cuentas del qué, el cómo y el porqué. Porque para que exista democracia, tiene que haber libertad y no puede darse la una sin la otra. Y en este momento, en Cataluña, no todo el mundo es libre para decir lo que piensa sin que le endiñen una etiqueta, o lo que es peor, perder un puesto de trabajo en el caso de periodistas que trabajan en medios públicos y privados. Los debates están viciados, direccionados, manipulados por el poder.

Mientras, ellos, los políticos, siguen a lo suyo, no se detienen. Nada les detiene. Cada día un paso más. Pero eso sí, por si acaso, a la independencia, ni nombrarla.

 

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Solomirar.com es una revista digital independiente creada en 2010.

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