España: cómo salir del lado oscuro

Si eres paciente en un momento de ira, escaparás a cien días de tristeza”. Proverbio japonés.

Conservar la calma frente a una avalancha de “noticias mejorables” como las que surgen estos días en torno a la realidad de la economía española requiere de un ejercicio zen nivel avanzado. Asimismo, es bastante difícil para quienes sabemos poquito de economía obtener una fotografía clara de lo que sucede navegando entre  constantes eufemismos – cuando no mentiras – del gobierno, por un lado y análisis y diagnósticos absolutamente agoreros de algunos sectores, incluyendo el incendio declarado en las redes sociales. Las llamas, desde luego, están totalmente justificadas en quienes se encuentran al límite en su día a día, pero también se adivina una corte de pirómanos interesados en difundir una lectura partidista y sectaria de los acontecimientos presentes. Twitter y Facebook son una bendición desde la mayoría de puntos de vista, pero desgraciadamente, también son un terreno abonado para el linchamiento y eso, aparte del daño que ocasiona, a veces en lo personal, en nuestra opinión, no suele aportar mucho al debate.

 Buenos y malos

Nos encanta establecer una línea divisoria entre buenos y malos, entre legales e impresentables. Olvidamos a menudo, sin embargo, que los grandes culpables de esta crisis están en un mismo bando y no son de un sólo color político. Nuestra élite gobernante, independientemente de la ideología que calce, se ha mediocrizado en los últimos quince años  hasta límites insospechados: las malas prácticas, la corrupción,  la connivencia entre la política y la banca (que ha permitido que la riqueza de este país y los ahorros de muchos trabajadores se hayan volatilizado) no son fruto de la casualidad. El movimiento 15-m ya puso el dedo en la llaga cuando denunciaba la falta de transparencia de nuestras instituciones y la rigidez del sistema sobre el que se asienta nuestra democracia, siendo la propia estructura de los partidos y la ley electoral dos elementos fundamentales muy necesitados de reformas profundas si se quiere adaptar el sistema político a las exigencias de la ciudadanía actual. El debate social tiene que dejar de perderse en las nubes de  lo ideal para cristalizar en mejoras palpables que fomenten la participación y la movilidad en los actores de la vida pública. Ser político, parlamentario o sindicalista no debería ser una profesión, un estatus de por vida, del mismo modo que un partido político o un sindicato no puede ser una oficina de contratación para llegar muy lejos, o para defender a colectivos muy determinados; ni tampoco un lobby que, presentado a través de una imagen o un eslógan más o menos atractivo, representa intereses no declarados.

Por eso es bastante peligroso y lamentable que las honestas intenciones del movimiento 15-m, en estos momentos en que la convulsión es máxima, sean secuestradas por sindicatos o partidos políticos concretos que, en todo este largo camino que nos ha conducido al borde del abismo, se mantuvieron calladitos y a la sombra, comulgando con ruedas de molino mientras una mayoría de trabajadores desclasados veía sus condiciones precarizarse bajo un sol de justicia. Así pues, conviene que entre todo el vociferio, sepamos distinguir el grano de la paja, pues si el PP creyó que con su entrada triunfal los mercados iban a hacer el pino puente a la deuda española por el sólo hecho de seguir al dedillo la biblia de Merkel, fue también Zapatero, quien, en 2010, soltó aquéllo – que todos nos creímos a pies juntillas – de que la banca española era la más sólida del mundo.

 

¿Dónde estamos exactamente?

Pero no miremos atrás, que ya habrá tiempo; centrémonos en lo que tenemos delante ahora mismo: los ciudadanos tenemos derecho a conocer la verdad y esta verdad es, en definitiva, que España está intervenida de facto y quienes aún no lo hayan entendido, sólo deben reparar en la frase de Rajoy en el momento de su comparecencia, al anunciar el gran bloque de megarecortes el pasado 11 de julio :

“Los españoles hemos llegado a un punto en que no podemos elegir entre quedarnos como estamos o hacer sacrificios. No tenemos esa libertad. Las circunstancias no son tan generosas. La única opción que la realidad nos permite es aceptar los sacrificios y renunciar a algo; o rechazar los sacrificios y renunciar a todo”.

Ahí está la clave: ¿por qué no podemos elegir?. ¿Por qué un partido que ha sido votado debe renunciar a lo que prometió en su programa electoral (más bien sobre aquéllo que prometió no hacer),  para atender a las exigencias que reclaman estructuras supranacionales establecidas en Bruselas, jefes de estado de otros países (léase Merkel), instituciones (Banco Central Europeo, Fondo Monetario Internacional) o entes tan abstractos como “los mercados“?. Además, de poco sirve, por lo que se ve, darles todo lo que te piden, pues cual dragones de leyenda, nunca dan la sensación de haber engullido lo suficiente. Ahora recortamos las prestaciones sociales, ahora educación, ahora la luz, después subimos el IVA, mañana…¿las pensiones?. Esto - se dirá  -  era lo que implicaba el haber ratificado los acuerdos de Maastricht alegremente sin enterarnos de qué iba la copla; unos acuerdos cuyas consecuencias nos han conducido a esta situación, como ya explicaban Juan Francisco Martín Seco y Vicenc Navarro en artículos aquí publicados. Y si es así, ¿no podríamos echarnos atrás?. Si somos libres, ¿quien nos lo impide?. Y si no somos libres, ¿para qué este sacrificio?, ¿qué garantías reales existen de recuperar la libertad si desde la otra orilla nadie cede un ápice?.

 ¿Cómo salir de aquí?

Son cada vez más las voces autorizadas que ven imposible que España pueda asumir sus compromisos económicos dentro del euro. Salir del euro tendría inconvenientes, sin duda, pero si no lo hacemos, es de ley preguntarnos: ¿podremos asumir las férreas condiciones que nos ha impuesto las instituciones europeas para poder devolver la deuda de 100 mil millones de euros en la que podríamos llegar a incurrir si superamos todas las etapas de esta “línea de crédito” rocambolesca para unos, “rescate” para otros?. ¿Por qué todos los partidos del abanico electoral callan otorgando que esta deuda es asumible y sólo expertos independientes en economía son capaces de levantar la voz denunciando la imposibilidad de cumplir tales compromisos?. Por lo que entendemos, no se puede crecer como economía en estas condiciones y no crecer significa empobrecernos hasta límites que nadie puede determinar en estos momentos.

En conclusión, que si queremos salir de este estancamiento en el que nos hallamos, España tiene tres debates pendientes:

1. Definir e implementar una serie de reformas destinadas a ampliar la transparencia, mejorar los mecanismos de control de nuestra democracia y nuestras instituciones y establecer todos las mejoras que sean necesarias para incrementar la participación de todos los ciudadanos en el sistema político (partidos, sindicatos, ley electoral…etc.). En definitiva, sintetizar la esencia del movimiento 15-m, para que el espíritu de uno de los movimientos ciudadanos más genuinos de nuestra historia no se diluya en el fragor de la lucha partidista .

2. Euro sí, euro no. Como aperitivo, léase Ventajas e inconvenientes de continuar o abandonar la Eurozona. Pero hay muchos artículos de expertos que ya tratan abiertamente la cuestión tanto en español como en inglés. Por otra parte, quizás un plantarse por parte de España y el resto de países del Sur de Europa podría inducir a la Eurozona a repensar sus cimientos, más en beneficio de todos.

Y un tercer aspecto en el que trabajar a todos los niveles, tanto público como privado, muy importante y factor clave para que podamos, por fin, salir del lado oscuro en el que nos hemos caído de bruces:

3. Cómo mejorar la competitividad, uno de los puntos débiles más determinantes de nuestra situación actual y una de las causas profundas del paro, nuestra peor lacra. En otras palabras, hacer lo contrario de lo que se ha hecho: no tocar la inversión en innovación, y en I+D; centrarnos en el perfeccionamiento, la especialización y la creación de valor añadido de nuestros productos y servicios para poder posicionarnos en el mercado global y exportarincentivar la cooperación y fusión de proyectos empresariales de un mismo sector, en definitiva, la economía española necesita reinventarse.

 

¿Are you ready?.  

 Redacción

Solomirar.com

 

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