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El toreo, un barco que se hunde

Después de que se recogieran más de 180.000  firmas de ciudadanos que pedían su abolición, el Parlamento de Catalunya votó en fecha de 29 de Julio de 2010 la prohibición de los toros en la comunidad.  Lo más curioso es que ha surgido un debate paralelo en todo el país sobre la prohibición en sí, por un lado y sobre las posibles motivaciones políticas por otro. 

 ¿Prohibir? ¿Por qué prohibir?, dicen algunos, quien quiera ir a ver las corridas que vaya y quien no, que no vaya. Bien, esto es precisamente lo que ha hecho la mayoría de la gente en Catalunya en los últimos tiempos: no ir a los toros, hasta el punto de que, actualmente, sólo hay una plaza operativa en toda la comunidad y sólo llena con extraordinarias operaciones de marketing y muy de tanto en tanto, tan espaciados son esos llenos y tan grandes los sobreesfuerzos en conseguirlos (atrayendo incluso a público de otras comunidades) que no ofrece rentabilidad alguna ni siquiera a pesar de las subvenciones públicas que esta actividad recibe. Es muy cierto que en los años 20 del siglo anterior, la plaza Monumental y la de las Arenas en Barcelona se llenaban hasta la bandera, pero…claro, en aquella época, ¿quien se planteaba la cuestión ética del sufrimiento animal?. 

Igualdad Animal en la Monumental

 

Constato con regocijo que los tiempos han cambiado para bien, desde mi humilde opinión. Y la gente está transitando de la actitud meramente indiferente, del “no me gusta, no voy” a decir “no hay derecho, no es justo”  y es qu,e lo que antes gritaban unos pocos en contadas manifestaciones ahora es un sentir popular: prohibir los toros no es un acto contra la libertad de nadie. Quienes se agarran a la cuestión de “no prohibir” están manipulando el argumento. 

En una sociedad civilizada nadie es libre de matar, ni de torturar  a los animales y mucho menos de infringirles un sufrimiento para satisfacción de un público que se deleita viendo la sangre del  toro y escuchando sus tremendos quejidos y su respiración al límite. Por esa misma razón, también están prohibidas las peleas de perros y las peleas de gallos, porque no consideramos ético ejercer la violencia sobre los animales, ni denigrarlos, aparte de que ambas cosas nos denigran a nosotros, como seres humanos. ¿Cómo explicar a los niños que no se debe pegar a un perro pero sí se puede banderillear y atravesar con la espada el corazón de un toro?…¡Ojo! que estoy hablando de niños, malos encajadores por definición de las dobles morales.  ¿ O es que los partidarios de la “fiesta” pueden convencer a sus hijos que el toro no sufre?.  Visiten nuestro rincón verde, que allí un veterinario nos detalla qué sufrimientos experimenta un toro durante la corrida. Triste pero aclarador. 

Activismo en  Barcelona Y respecto a quienes tildan el debate de político, parecen obviar el movimiento popular que lo ha motivado, las encuestas de opinión, las movilizaciones en Internet…Cuestionar la autenticidad de las motivaciones de quienes han logrado que llegue al Parlament la petición abolicionista es negar la mayor, como suele decirse en estos casos y de paso, ningunear el esfuerzo y la lucha de muchas personas y asociaciones de voluntarios. Es una forma de descalificar la lucha animalista, decir que se trata de  políticos, separatistas, renegados de todo “lo español”. Es indudable que habrá algún político inmiscuido en el corazón de esa masa social que se ha preocupado por llevar las firmas hasta el Parlament, pero ¡cuántos políticos se darían con un canto en los dientes, en Catalunya y en cualquier lugar de España porque una iniciativa meramente “política” gozara de tanto refrendo social como el movimiento antitaurino. 

 A lo mejor, se me ocurre, todos esos que llaman “antiespañoles” a los colectivos antitaurinos catalanes (y a todos los antitaurinos españoles que les están brindando su máximo apoyo) es que “ser español” en el siglo XXI ya tiene muy poco que ver con la conservación de aquellas tradiciones que consistían en maltratar animales de forma sistemática y que nos hacían tan diferentes a los ciudadanos de otros países europeos. 

Y es que da la impresión que, como en la mayoría de ocasiones, los ciudadanos y la sociedad civil van muy por delante de una clase política cada vez más mediocre, más ciega antes los cambios de mentalidad y de costumbres y cuyos movimientos torpes, primarios y con objetivos demasiado evidentes (léase Esperanza Aguirre proponiendo la fiesta del toreo como “bien de interés cultural”) sólo constatan que la política y los políticos necesitan con urgencia de un reciclaje integral para resultar creíbles. 

 Vivir de espaldas a la dinámica del tiempo en que nos toca vivir es un signo de inadaptación, de carencia de inteligencia.  Progresar significa ser capaz de comprender, de readaptarse, de cambiar. Quienes se empeñan en sostener que las corridas de toros son un elemento cultural, un arte en pleno siglo XXI no hacen otra cosa que ponerse en evidencia ante el sentido común de una mayoría, cada día más contundente (los jóvenes lo tienen demasiado claro). Pero lo que más llama la atención es que sean muchos “capitanes” quienes se aferren a este barco que se hunde, a aquel país tristemente conocido por sus tradiciones de la violencia, del maltrato y el acoso a los animales como instrumento de ocio y de diversión. 

 Sean sensatos y bájense de ahí, por favor, bájense cuanto antes y suban al barco del futuro, un futuro en el que imperará la cultura de paz, también con los animales

 NAJMAH

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Solomirar.com es una revista digital independiente creada en 2010.

2 comments

  1. Un gran escrito, quién no lo entienda, no siente. Mi enhorabuena.

  2. Una de las mejores exposiciones del tema que he leeido nunca. Para cualquier persona con el más mínimo grado de coheréncia y sentido común, resulta ya insoportablemente bochornoso ver a nuestros políticos, españoles pero también catalanes, amparar y justificar la conservación de lo que nos convierte a unos y a otros en el vagón de cola de Europa, moral y culturalmente hablando. Si no es el ciudadano quien acabe con esto, ellos no lo harán. Modestamente, recomendaria menos dósis de telebasura y futbol a todas horas y más pensar en lo que a ellos no les interesa que se piense. Lo que verdaderamente importa.

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