El sol no se pone para Shakira


Shakira en plena actuación (Foto: Andrés Arranz)

He de admitir, reconocer, conceder, confesar que la primera vez  que la escuché pensé de inmediato que era otro producto más a los que “la industria” nos tiene cada vez más acostumbrados (exacta combinación de ingredientes para vender, buen márketing y un punto de buenas conexiones por aquello de su relación con el hijo de un ex presidente argentino); que la primera vez que la vi, la miré de arriba abajo sin demasiado interés y con el único propósito de confirmar aquélla primera impresión. Incluso, cuando sin reparar demasiado en ello ya empezaba a bailar sus canciones, exactamente igual que la otra mitad de población del globo terráqueo, su voz…¡ayssschhhh!… no me acababa de convencer y así se lo comenté a una amiga, que me respondió muy convencida y con un punto de susceptibilidad: “Oye… ¡pues mí me encanta!”.


Debo explicar, sin embargo, que mis prejuicios iniciales tenían algo de fundamento: siempre me han gustado las voces limpias, sobradas de potencia, sin resquicios perceptibles, un poco a la manera de los antiguos vocalistas  que hoy duermen – profesionalmente hablando – el sueño de los justos.  Advertía que la artista se veía obligada a realizar un quiebro de voz para poder sostener bastantes notas y alcanzar ciertos registros que tampoco estaban en el Aconcagua precisamente. Sí, me refiero a ese vibrato tan característico que motivó un día al profesor de música de Shakira Isabel Mebarak Ripoll a dejarla fuera del coro del colegio de monjas en el que la joven realizaba sus primeros estudios. Según el buen hombre tuvo a bien explicarle, porque sonaba “como una cabra”.


Es lo que tienen los prejuicios (que como vemos, a veces, no sólo dan la desinformación, sino también la formación) y el no ser capaz de abrir la mente y ver un poco más allá. Efectivamente, quizás, de primera impresión, las capacidades vocales de la artista no desaten entusiasmos, pero ya desde la niñez Shakira apuntaba muchos detalles de un talento que hoy en día justifican con creces sus más de 60 millones de discos vendidos, dos Grammys, siete Grammys latinos y el hecho de que las reproducciones de sus vídeos (oficiales y apócrifos) en Youtube se acerquen vertiginosamente a la cifra de 500 millones.


Y es que la cantante y compositora colombiana ha sabido utilizar una base de pop-rock como llave maestra para introducirse en las listas de superventas del mercado anglosajón  - y  el global por extensión – pero sin dejar de administrar sabiamente la herencia cultural que le otorgaron sus raíces familiares: por un lado, los ritmos árabes, que aderezan oportunamente sus temas más bailables y sus coreografías de danza oriental y por otro, su vertiente latina, concretamente, esos graves, tan profundos, característicos del lirismo musical andino que nos recuerdan en su ejecución a los y a las más grandes del continente iberoamericano y que sale a relucir de forma notable en sus baladas.


Es precisamente ahí, donde se requiere una mayor sensibilidad y honestidad para expresar sentimientos y emociones, donde Shakira ha sabido hacer de su “defecto” su mayor virtud, pues es a través de su característica vibración o vibrato, desde donde emergen con fluidez las notas más sentidas, esas que marcan la diferencia entre un producto, un profesional entre tantos y un artista. Me atrevería a decir incluso que en los últimos trabajos sus capacidades interpretativas han ido en aumento, lo que nos hace pensar que si sigue así, y a pesar del título de su último trabajo “Sale el Sol” (Sony Music Entertainment, 2010), no parece que el sol vaya a ponerse para Shakira en el futuro que vislumbramos a corto y medio plazo.  Y, sinceramente, nos alegramos por ello.

Os invitamos a escuchar en nuestra Haima un hermoso tema de este álbum: “Antes de las seis”, creado por la propia Shakira y Lester Méndez, así como el vídeo oficial del primer single: “Loca”, rodado íntegramente en Barcelona.



Shakira – Loca

Shakira – Página web oficial

Actuación en Madrid 19 Noviembre 2010


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