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El Desierto Blanco de Egipto

El Desierto Blanco de Egipto es una de los destinos más conocidos de la mítica tierra de faraones, a pesar de no encontrarse dentro de las rutas más tradicionales utilizadas por los grandes touroperadores. Se localiza en la zona Oeste del país, muy cerca de la frontera con Libia, a unos 45 km. de la ciudad de Farafra, un enclave de unos 5000 habitantes –  beduinos en su práctica totalidad – únicos pobladores de la depresión de Zarafra, también conocida como Desierto Central de Egipto.

El Desierto Blanco, ( llamado Sahara El Beyda por la población local), constituye un alucinante paisaje de inmensas rocas calizas blancas, de diversas formas y tamaños, moldeadas por el viento, que cambian de tonalidad: desde el azul a rosa y naranja cuando el sol se pone hasta el blanco ártico de la noche. El origen de estos grandes bloques se remonta a 60 millones de años atrás, en la era del paleogeno, cuando la zona era un lecho de mar de poca profundidad que cubría una capa de arenisca en toda la región de Nubia. Sobre ella se fueron acumulando depósitos de yeso y roca caliza que quedaron al descubierto cuando las aguas del Atlántico retrocedieron desde el Oeste. Actualmente, pueden encontrarse en la zona vestigios marinos, la mayoría en forma de fósiles petrificados.

Otra curiosidad es la existencia de manantiales junto a los que mana vegetación que logra sobrevivir entre los montículos de arena. Los operadores turísticos de la zona suelen realizar las visitas de noche, o bien al atardecer, a fin de poder apreciar, respectivamente, los cromatismos de la puesta de sol sobre las rocas y el paisaje nocturno blanco, propio de la ciencia ficción. Del mismo modo, la visita a este enclave nos permitirá vivir la experiencia en directo del notabilísimo cambio de temperatura entre el día y la noche, fuego y hielo en apenas 24 horas. Sólo se puede entrar en el desierto con camello o bien con vehículos todo terreno, de tracción a las cuatro ruedas pero es imprescindible realizar todas las visitas de la mano de guías locales, únicos conocedores del terreno (los precios entre las diferentes compañías varían bastante).

Además del Desierto Blanco, hay otras visitas obligadas en la zona. Para empezar, vale la pena visitar el mismo enclave de Farafra (el punto de partida de las excursiones), con sus casas de barro tradicionales, además de varias fuentes de agua termal en Bir Sitta y el lago de El Mufid.

Farafra
Casa típica de Farafra, punto de partida de las excursiones en toda la zona de Bahariya

 

Posteriormente, desde Farafra, y pasando por el llamado Desierto Negro (el contrapunto volcánico al Desierto Blanco) se puede viajar hasta el Oasis de Bahariya, un pulmón de unos 2000 kms que ya fue un importante centro agrícola en época faraónica y que cuenta con atractivos arqueológicos como el templo de Alejandro Magno  (la tradición sitúa allí su paso tras regresar del templo de Amón en el Oasis de Siwa) o el fascinante museo Bawati, una necrópolis greco – romana, en la que el arquéologo estrella de Egipto, Zahid Hawas, descubrió en 1996 junto a su equipo un yacimiento de 250 momias – conocidas como las momias de las máscaras de oro pues así iban cubiertas muchas de ellas.

Bahariya Oasis
Vista general del Oasis de Bahariya

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