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Conflicto palestino-israelí: ganar batallas y perder la guerra

 
Mezquita de la Roca, en Jerusalén Este (Foto: Deror Avi)

Otra vuelta de tuerca en el conflicto palestino – israelí que acaba en tragedia: el asalto del ejército hebreo en aguas internacionales a la llamada Flotilla de la Paz. Los israelíes se plantan frente a los barcos: “no pasas”, “pasaré”, “no pasas”, “pasaré”, el mismo patrón comunicativo del hombre de las cavernas y el peor de los resultados: 9 muertos, 24 heridos, 7 de ellos muy graves del lado de los pacifistas, decenas de heridos de la parte israelí y la espiral de agitación y violencia en la zona nuevamente reactivada.       

Pero por muy indignante que nos resulte el drama de Oriente Medio sabemos de sobra que todas las escaladas periódicas del conflicto y sus derivaciones terminan a menudo en el olvido y ni siquiera los informes de las comisiones de investigación sirven para modificar (para mejorarla, se entiende) el estado de la cuestión. No es cuestión de abonarse a las numerosas teorías de las conspiraciones secretas internacionales para todo lo que no tiene una explicación inteligible, pero cuesta asimilar que en más de 50 años los gobernantes de los países implicados directa e indirectamente en el contencioso y toda la diplomacia de signo variopinto destacada en la región no hayan sido capaces nunca de salirse airosos con un arreglo aceptable para las partes. Esto da que pensar que,  o bien no ha existido nunca una voluntad real de paz para la región o bien, tanto la carrera política como la diplomática se nutren de los individuos más incompetentes. Bien, se dirá, están los intereses, intereses oscuros como el petróleo…pero ¿qué hay de los intereses que generaría un Oriente Medio pacificado como mercado económico y turístico?, ¿como fuente de talento, creación, innovación?, ¿como marco de cooperación y fusión de culturas diversas?.

 Debe reconocerse que un obstáculo insoslayable para cualquier solución sobre el terreno ha sido la actitud históricamente inamovible de Estados Unidos apoyando a Israel fueran cuáles fueran sus posiciones y el resultado de sus acciones y vetando por sistema todas las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU que condenaban a Israel. Precisamente, este apoyo determinante de Estados Unidos (“el primo de Zumosol” como le escuché una vez a un árabe), ha jugado un papel desequilibrante en las negociaciones,  minando la credibilidad de todos los procesos: una política de flaco favor para las partes, incluyendo a Israel y, sobre todo, para el Proceso de Paz.     

 Otro factor a contemplar en este desaguisado es el hecho de que la mayoría de gobiernos europeos y occidentales no se sienten nada cómodos reprochando las acciones de Israel, algo que puede entenderse por el hecho de que la memoria de la monstruosidad nazi – perpetrada en suelo europeo – está aún demasiado reciente. Israel sigue siendo víctima en el inconsciente occidental y cuesta asimilarle como verdugo. Pensamos que ése es el motivo de que las autoridades hebreas, en un alarde de la peor propaganda, apelen al antisemitismo cuando las críticas arrecian, algo muy injusto, sobre todo, para los millones de personas que murieron en el Holocausto nazi, que fueron víctimas del verdadero odio y persecución de los judíos.  
Abbas, Bush y Sharon, en Aqaba (Mar Rojo) en 2009

 

   Y es así, como en este ambiente de embarazosos silencios, algunos gobiernos europeos (el español de forma significativa), y para aplacar las conciencias de las respectivas opiniones públicas, se dedican a pagar infraestructuras en Gaza y a volverlas a pagar si hace falta (cuando son destruidas), a hacer algún comentario del tipo optimista “estamos en el buen camino” á la Moratinos, muy útil para saldar la conferencia de prensa de turno con una sonrisa etrusca y a dar palmaditas a las ONGs que se dejan la piel en el terreno. Pero quizás haya llegado el momento en que la sociedad civil de la aldea global exija algo más que buenas palabras  y pequeñas dosis de caridad a quienes tienen una responsabilidad en impedir que se prolongue la situación insostenible que viven los palestinos de la franja de Gaza.    

 Israel argumenta que Hamas, partido de corte islamista que gobierna en Gaza y que ha mantenido todo tipo de enfrentamientos con Israel en los últimos años (desde los ataques suicidas en Israel, impulsados por el propio Hamas, hasta la invasión del ejército hebreo de la franja de Gaza en el invierno 2008-2009), es un movimiento terrorista y así lo clasifican también la Unión Europea, Canadá, Japón y Estados Unidos. Sin embargo, no pasa inadvertido que los factores que catapultaron a Hamas a ganar las elecciones palestinas de 2006 fueron precisamente la progresiva frustración de la población por la falta de avances tangibles en el proceso de paz y el consiguiente empeoramiento de sus condiciones de vida.  

Resulta una paradoja que la marginalización posterior de este movimiento islámico por parte de Estados Unidos y la UE de todos los procesos de negociación haya discurrido en paralelo a la progresiva radicalización de los gobiernos israelíes, con lo cual, mientras que Hamas continúa fortaleciendo su prestigio a los ojos del mundo árabe, Abbas (presidente de Palestina miembro del Al Fatah, el partido que gobierna en Cisjordania y elegido por los gobiernos occidentales como interlocutor), pierde apoyos y la credibilidad de Israel se deteriora en cada nueva demostración de fuerza.       

El ministro de defensa israelí, Ehud Barak, al felicitar al ejército tras el abordaje de la Flotilla de la Paz, dijo:
 “Debemos recordar siempre que no estamos en América del Norte ni en Europa Occidental, que vivimos en Oriente Próximo, un lugar donde no hay compasión con los débiles y donde no hay una segunda oportunidad para los que no se defienden a sí mismos». 
 
 La debilidad es, sin duda, un rasgo que no ayuda en tan terrible contexto, pero la debilidad de los argumentos es la que está minando, día tras día, la imagen internacional de Israel.  En la situación en la que nos encontramos, da la sensación de que los palestinos viven encerrados entre rejas por un carcelero que, a su vez, está atrapado en un laberinto de radicalización que va in crescendo.
 
 Desde su llegada al poder, el presidente Obama ha dado algunas señales de querer variar su postura de apoyo acérrimo a Israel e incluso están surgiendo algunos lobbies judíos norteamericanos que se muestran críticos con la actuación del gobierno hebreo. Esta semana pasada,  un portavoz de Obama declaró que el bloqueo a Gaza es insostenible y en Israel, el propio jefe del Mossad, Meir Dagan, reconoció que Israel está pasando “de ser un activo a ser una carga para Estados Unidos”. Aunque ambas sólo son cautas y medidas afirmaciones, podrían indicar que quizás sea un buen momento para intentar abordar un cambio de rumbo. Si, por el contrario, no se hace nada, deberemos estar preparados para más episodios como el de la Flotilla de la Paz y para que la situación de los palestinos siga sirviendo como argumento ideológico de calado para que los movimientos islamistas de corte radical en todo el mundo ganen terreno y razón de ser.   

  Negociación sin exclusiones       

Costa de la Franja de Gaza

 

  Una mesa integradora con todas las partes del conflicto, incluyendo a Hamas, y todos los países vecinos y actores del contexto geopolítico de la región es fundamental para una solución con garantías de continuidad.  La opinión pública mundial seguiría con atención el proceso y una voluntad manifiesta de no exclusión por parte del llamado Cuarteto para Oriente Medio (ONU, Estados Unidos, Rusia y Unión Europea) sería un factor que jugaría a favor de la neutralización de las posturas más radicales.  

Por otra parte, la implementación de la fórmula de consenso que se adoptase (dos estados, estado binacional, plan saudí…), y el cumplimiento de los acuerdos en las cuestiones clave (fronteras, refugiados, estatus de Jerusalén, desmantelamiento de asentamientos en los territorios ocupados, reparto del agua) deberían ser monitorizados por la ONU en un primer estadio, mediante el despliegue de tropas internacionales en la zona (UNPROFOR) a fin de vigilar el cumplimiento de los compromisos, durante el tiempo que fuese necesario hasta que el camino recorrido hiciera imposible la reversibilidad del proceso.       

No se trata de lanzar palomas al vuelo: la normalización de Oriente Medio en pleno siglo XXI es algo más que un buen deseo. Es una necesidad imperiosa. Llevamos generaciones de retraso. De muchas batallas “ganadas” en una guerra eterna que nadie gana. Y todo lo que se ha perdido por no querer perder (tanto en vidas humanas como en progreso) ya es incalculable.   

 En muchas ocasiones, perder es la jugada ganadora; en este enrevesado proceso, cualquier concesión que se haga merece la pena por muy dolorosa que resulte, porque el premio a medio y largo plazo  lo merece. Jugar a perder, para que todos ganen. No es como en el póker; ahora es la paz: la paz es el objetivo y la condición inexcusable para que todo lo demás, que es la vida,  sea posible de una vez por todas. En Israel y en Palestina.   

NAJMAH   

Otros enlaces:  

Análisis de La Vanguardia   

Blog de Enric González (El País)  

Neoeconomicon  

Guerra Eterna  

Faro de Oriente  

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One comment

  1. A finales de junio viene otra flotilla de la libertad. Es mas numerosa que la anterior y participan personas de mas paises. Tambien va un barco español. Netanyahu ya a dicho que no los dejara pasar. El conflicto esta servido

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