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Cataluña ante la sombra del totalitarismo

Hay un dicho en catalán que siempre se lo escuchaba a mi madre:  “Sempre sortiràs emmascarat d’una paella bruta” (siempre saldrás enmascarado o hecho unos zorros de una sartén sucia). Se me antoja que esto es lo que sucede a cualquiera que pretende abordar el tema de Cataluña. No me gusta llamarle “conflicto”, para no conceder méritos a quienes desde el poder ostentado por la casta pujolista durante 35 años fabricaron un problema donde nunca lo hubo. Y que nunca hubiera existido si se hubiese dado una auténtica voluntad de diálogo en buena fe por la parte catalana y no hubieran planeado tantos intereses particulares y cortoplacistas del gobierno central, especialmente de PP y PSOE que siempre jugaron la “carta nacionalista” en aras de sus respectivas continuidades en el poder. ¿Les suena?.

De mal en peor

Sea como sea, en Cataluña, lejos de solucionarse, los problemas se enquistan. La prueba de ello es que el actual gobierno de la Generalitat presidido por Quim Torra es aún más radical y ultranacionalista que el que proclamó la independencia en noviembre de 2017. Llevamos años de Procés, de esfuerzos, sinsabores, dinero malgastado (y malversado) y oportunidades perdidas y a día de hoy, el govern de la Generalitat sigue enfocado en mantener su inútil guerra contra el estado español, en España y en el extranjero.

Ni siquiera se esconden de ello. Tras recibir al jefe del Estado en el – otra vez tristemente politizado – homenaje a las víctimas del #17A con una pancarta bochornosa de repudio a la institución que representa,  Quim Torra ha declarado: “No nos tenemos que defender. Hemos de atacar al estado”. La respuesta, dos días después, de la vicepresidenta Carmen Calvo ha sido esta: “Con una frase no se ataca a España”. ¿Una frase?. ¿Dónde vive la Sra. Calvo?. ¿Es que el Sr. Torra ha hecho otra cosa que no sea atacar a España y sobre todo, a los catalanes que se consideran también españoles, desde que le invistieron President?.

Pancarta contra Felipe VI en un céntrico edificio de Plaza Cataluña el día del homenaje a las víctimas del atentado del 17 de agosto. No fue retirada mientras se celebró la conmemoración.

El Sr. Torra fundamenta su discurso en que el referéndum del 1 de Octubre fue legal y vinculante (es un “mandato democrático”), ignorando que el artículo 155 se desplegó en razón del quiebro sistemático de la legalidad en Cataluña y la subsiguiente declaración de independencia. Además de España, el Rey, en tanto que Jefe del Estado, se ha convertido en el objetivo directo de los secesionistas, una vez que Rajoy y su gobierno quedaron fuera de juego. Pretenden que el monarca “pida perdón”, nada menos que por salir a defender la Constitución en su aparición televisada del 3 de octubre.

Lista de agravios

La lista de agravios independentista es interminable pero se guardan de mucho de mencionar sistemáticamente en su relato su desobediencia continuada a las resoluciones del Tribunal Constitucional (con las que Puigdemont se hacía incluso fotos), pero de manera mucho más grave, su vulneración del Estatut de Autonomía y la Constitución española desde el 6 y 7 de septiembre de 2017 (con sendas votaciones en el Parlament de la Ley de Referéndum y la Ley de Desconexión), con la celebración de un referéndum (ilegal y por tanto sin garantías democráticas) el día 1 de Octubre y la Declaración formal de la Independencia el 27 de Octubre.

Diputados del la oposición PSC, Ciudadanos y PP protestan en el Parlament el día 6 de septiembre

Todo esto ocurrió y, obviamente, tuvo unas consecuencias que, para la mayoría de los catalanes, podrían haber sido mucho peores. Pero el gobierno independentista sigue centrando sus esfuerzos exclusivamente en reinvindicar a sus presos políticos y exiliados  – ninguna organización internacional ha reconocido esta condición – los cuales, no obstante sabían de sobra que algo así podía sucederles. La prueba es que en el verano de 2017, Puigdemont llevó a cabo una remodelación de su gobierno, prescindiendo de todos aquellos miembros que no estaban preparados para asumir las consecuencias penales de un referéndum ilegal. Es decir, si sabían que un referéndum les traería consecuencias, imagino que contaban que una DUI les iba a acarrear aún muchas más.

Sin embargo, la televisión catalana y todos los medios de propaganda soberanistas (subvencionados generosamente con millonarios fondos públicos) no paran de hablar de ellos; de Franco, por supuesto  (como si se hubiera muerto ayer y como si sólo Cataluña hubiera padecido su dictadura) y de los lamentables momentos de violencia policial del 1 de Octubre, cuyas deplorables imágenes han sido emitidas hasta la saciedad. Tanta exposición contrasta en cambio con la escasa atención a otros episodios de violencia policial en Cataluña por parte de los Mossos (27M en Plaza Cataluña, Huelga General del 14N de 2012..etc.), que incluyen algunas intervenciones salvajes con resultado de muerte, como la del empresario del Raval Juan José Benítez.

En cuanto al 1 de Octubre, decir que sin duda fue para muchos catalanes una jornada heróica de resistencia (fuimos reiteradamente convocados por la ANC, ÒMNIUM y TV3 a “resistir” a la policía en los colegios electorales). En cambio, quienes nos quedamos en casa la sentimos como una amarga tomadura de pelo de lamentables consecuencias. Lamentables para los que fueron a votar, obviamente, por la tensión y violencia episódica que sufrieron, pero también para quienes nos abstuvimos de participar, puesto que ese referéndum fraudulento de independencia constituía otro paso más – después de casi 40 años de pacífica convivencia – destinado a dejarnos absolutamente desamparados del marco legal que aprobamos masiva y consensuadamente en 1978.

No obstante, los agraviados resultaron ser quienes decidieron saltarse la legalidad, gracias al tremendo error del gobierno de Rajoy de mandar a la policía y a la guardia civil (ambos cuerpos nunca merecieron pasar por ese trance) a retirar las urnas a la fuerza. Esa era, precisamente, la foto que los independentistas buscaban para retratar a España como un régimen represivo a la turca. Insisto: recuerdo ese día con una sensación de impotencia y desolación indescriptible.

Secuencia de las afueras de un colegio electoral el 1 de Octubre

Otra cosa es que la cifra de los 1.000 heridos que clamó la Generalitat no se sostiene por ninguna parte, porque nunca la ha podido contrastar nadie (con que se llevaran palos 3 personas ya me parece mal, entendámonos, pero la épica propagandística me revuelve igualmente). Así lo subraya Sandrine Morel (corresponsal del diario Le Monde en España) en su libro El Huracán Catalán del que reproducimos dos reveladores fragmentos a continuación. 

Sandrine Morel: El Huracán Catalán (Fragmento 2)
Sandrine Morel: El Huracán Catalán (fragmento 2)

En efecto, tampoco ha habido una aclaración oficial sobre la más que probable mentira de los mil heridos. Con todo, el impacto en la línea de flotación de la imagen de España y, en particular del gobierno de Rajoy, fue considerable, mientras que el relato victimista del independentismo agraviado no sólo sigue intacto, sino que se ha disparado. Y si lo hace es porque puede, dada la absoluta incapacidad de respuesta clara, oportuna y adecuada de Rajoy primero y de Sánchez después, como ya estamos viendo.

Nadie al otro lado

Ciertamente, llama la atención que sean muy pocos los políticos en España que hayan alcanzado a dar una respuesta argumentada e intelectualmente asumible al relato independentista. Entre ellos se encuentra el actual ministro de Asuntos Exteriores Josep Borrell,  el ex dirigente comunista Paco Frutos, el periodista, abogado y eurodiputado Javier Nart, el ex ministro de Exteriores Javier García-Margallo en algunas ocasiones y algún otro, pero son casos aislados, acciones inconexas de repercusión limitada. Todo lo contrario del modus operandi independentista, en el que todo ha estado perfectamente organizado desde el minuto uno.

Una de las razones para esta falta de respuesta podría ser que España, a pesar de los años transcurridos en democracia, aún no se maneja con la cultura democrática como podría suceder en otros países de nuestro entorno. Diríase que no tenemos los conceptos nada claros. Hasta el punto que son demasiados quienes se dejan contaminar por el ruido mediático o de las redes sociales, ámbitos en los que proliferan las fake news hasta niveles escandalosos. Es seguramente un problema de falta de educación y divulgación de valores, una circunstancia que nos debería hacer reflexionar de cara al futuro.

Muchos aún parecen temerosos de que les llamen “fascistas”, el insulto de cabecera secesionista, por el hecho de no comulgar con “la necesidad absoluta” de la separación. O de ser tildados de “franquistas”, un calificativo que han colgado sin problemas a gente con ideología de izquierdas y que luchó y padeció la dictadura de Franco, incluso desde la tortura y la cárcel. Tenemos al President Quim Torra, cuya hemeroteca de artículos y recopilaciones de tuits no es precisamente la de un defensor de la pluralidad y la libertad (permítanme la ironía) tilda de “fascistas” a todos aquellos ciudadanos que se dedican a quitar los lazos o cruces amarillas, que en muchos casos inundan literalmente el espacio público. De hecho los Mossos, nuevamente en funciones de policía política (otra institución que también merecería otra consideración) ya han empezado a identificar a quien lo hace, amenazándoles con multas de hasta 30.000 Euros.

La plaza principal de Vic sembrada de cruces amarillas. Al dia siguiente un hombre derribó varias con su coche, lo que fue calificado de “atentado” por algunas instancias políticas.

El independentismo no puede comprender que el espacio público: plazas, edificios oficiales de titularidad pública, playas, etc. es de todos los ciudadanos y no debe verse apropiado por una ideología o reivindicación concreta, que no es ni mucho menos asumida por la mayoría. En todo caso, si unos han tenido la libertad de poner esos lazos o cruces en el espacio público, tampoco se debe negar a otros la libertad de quitarlos, sin que se les trate de “fascistas” o se les persiga por ello. Fascismo es precisamente tratar de imponer una ideología y más aún utilizando la fuerza y los instrumentos que otorga el poder. Entre ellos, entidades que se presentan como sociedad civil pero que funcionan como auténticos comisariados, como la ANC y ÒMNIUM. O como los llamados CDRs, éstos con formato de “milicias revolucionarias”, que el govern independentista utiliza para imponer sus criterios y tensionar la calle cada vez que lo estima oportuno.

Pero hablábamos de argumentarios y es evidente que el argumentario independentista estaba preparado como un plan de márketing: sus conceptos, su público objetivo, sus estrategias y sus medios de difusión. Lógicamente, como todo plan de márketing tiene sus puntos débiles que sus creadores conocían perfectamente. Algunos de ellos, totalmente rebatibles como conceptos, pero como hemos señalado antes, también debían calcular – acertadamente – que enfrente suyo no iban a tener ni competencia, ni estrategia, ni nada de nada.

Hacia una “Democracia Popular”

Para empezar, el nacionalismo catalán ha reducido hábilmente el concepto de democracia al simple hecho de “votar” y a ensalzar “las urnas” (metáfora utilizada para referirse al referéndum en concreto) como la piedra angular de la democracia. Como si en teoría política no hubiesen dudas más que razonables de los referéndums como instrumento democrático. Pero en todos los pueblos y ciudades de Cataluña hemos visto pancartas (muchas en edificios oficiales) con el lema de la ANC: “Votar es democracia”. Y la pregunta recurrente en todos los medios, utilizada por los independentistas: ¿Qué hay de malo en votar?. Urnas, urnas por doquier, sin garantías, ni Junta Electoral, ni censo, ni marco legal… Votar como sea, esa es la esencia de la democracia. Imagino que la idea era la de instaurar una especie de “democracia popular” a la venezolana, con idéntico populismo, pero de signo neoliberal (cosa que se olvida a menudo). Aunque la CUP (una mini-CiU con rastas y discurso anticapitalista de salón) lo vendiera a sus bases y simpatizantes como un “movimiento revolucionario”. 

Cartel de la ANC para promocionar el referéndum

Lo que no han acabado de explicar es cómo se conjugan “las urnas” con la desobediencia de los propios cargos públicos a la Constitución que les ha investido y que prometieron respetar en su día. Como si las leyes no estuvieran ahí precisamente para garantizar a los ciudadanos la limpieza,la validez y la transparencia de lo que se vota en las urnas. Es decir, las leyes son la garantía de la democracia frente a los intentos de arbitrariedad ejercidos desde el poder ejecutivo. ¿Cómo puede un cargo público desobedecer las leyes e instar a otros a que las desobedezcan?. Cuando se les planteaba este punto a los secesionistas, venía automáticamente la comparación con Ghandi, con Mandela y con Rosa Parks. Todo en orden. Escenarios idénticos a la Cataluña actual.

Mandela, Ghandi, Rosa Parks, pretendidos referentes de Carles Puigdemont y Quim Torra.

El invento del “derecho a decidir”

Esto nos lleva a otra trampa de márketing creada por el independentismo: el llamado “derecho a decidir”, une eufemismo destinado a obviar la expresión de lo que realmente significa: el derecho de autodeterminación. Ese mismo derecho que Junqueras repetía una y otra vez que venía avalado “por el derecho internacional”, cuando la realidad es que la ONU sólo reconoce este derecho a los territorios que han sido colonizados por potencias extranjeras.

Admitamos, no obstante, que este concepto astutamente sacado de la manga e inexistente en ningún corpus legal del mundo enganchó a mucha gente. ¿A quién no le gusta decidir?. A pesar de que se guardaron mucho de especificar que la decisión se circunscríbía única y exclusivamente a independencia sí o no (lo tomas o lo dejas, algo inaudito en una cuestión tan crucial), el invento funcionó de maravilla. Así fue como picaron el anzuelo incluso partidos de izquierda como En Comú Podem y, tanto esta formación, como sus socios en el resto de España, Podemos, han repetido hasta la saciedad y sin ponerse colorados que ellos eran partidarios del derecho a decidir, aunque no deseaban la independencia de Cataluña.

Tampoco se plantearon que se iba a celebrar un referéndum de independencia en un contexto político y social que ni siquiera garantizaba el respeto a la diversidad cultural catalana y a la pluralidad de ideas. De este modo, la izquierda pujante de nuestro país ha hecho el juego perfecto al nacionalismo durante todo el Procés – con Pablo Iglesias e Irene Montero a la cabeza, obsesionados exclusivamente con Rajoy .

Como si olvidaran que la independencia no fuera promovida y liderada por una burguesía neoliberal corrupta y profundamente insolidaria con el resto de autonomías de España, a cuyas poblaciones se denigraba, incluso desde el poder, con demasiada frecuencia. Con honrosas excepciones como Cosculluela y Rabell, nunca hubo ni crítica ni reproche por parte de Podemos o de ECP a Puigdemont y apenas alguna reacción de lo más discreto con las salidas de tono y la agresividad del ultra Quim Torra. Paco Frutos ya en su momento les llamó indignado “palanganeros del nacionalismo” y de su “racismo identitario”. A saber en qué estarían pensando, pero la decepción producida entre sus bases, mayoritariamente surgidas del 15m, es hoy patente en los sondeos de opinión. Y quienes dieron muestras de percatarse de ello, como Carolina Bescansa (no en vano, es socióloga y se maneja bien con las encuestas), han sido debidamente apartados de la cúpula dirigente.

Uno de tantos tuits reveladores de Núria de Gispert, ex presidenta del Parlament, hoy en día coaligada con ERC

¿Qué es hacer política?

Sánchez echaba en cara a Rajoy que se necesitaba de la política para solucionar el problema catalán, que la judicialización no podría contribuir a rebajar el soufflé secesionista. Y seguramente tenía razón, si bien, una vez abocados a la dinámica de hechos consumados independentista, valdría la pena considerar qué otras opciones practicables y sensatas le quedaban al ex presidente. Pero hacer política no es sólo prodigarse en gestos, realizar concesiones y dar transferencias como si se repartieran caramelos. Hacer política es implicarse de lleno y anticiparse con estrategias y responder con argumentos contundentes a los ataques que afectan a un país, vengan de fuera o desde dentro.

No se puede contestar tibiamente a insultos, amenazas y vejaciones continuadas a la figura del jefe del Estado que  lo es de todos los españoles, sean monárquicos o no. Y aún más viniendo de donde venimos. Y cuando el Sr. Torra coloca un cartel vejando a Felipe VI, o declara que “El rey no es bienvenido en Cataluña”, y que “nadie le ha invitado” a un homenaje a las víctimas de un atentado terrorista, en el que tiene que estar sí o sí, nos está atacando a todos.

Lamentablemente, esta agresividad que se produce a gran escala se reproduce también en el ámbito colectivo. Hoy en día muchos catalanes, jóvenes incluidos, consideran a España un país fascista, atrasado, casi tercermundista, corrupto y lleno de gente vaga e incivilizada. Y que los catalanes que nos seguimos sintiendo españoles somos unos “colonos” inadaptados (el término “colonos” es una actualización perversa del antiguo “Xarnegos”) que odiamos la cultura catalana y que pretendemos hundir el país.

El perfil de la influencer procesista Gallifantes reza en inglés: “España es un estado fascista”

Tan aberrante retrato es la  imagen que se ha transmitido – hay que reconocerlo: también desde el modelo educativo – y que demasiados creen. Luego están los medios de comunicación y las redes sociales con los influencers del Procés: Bea Talegón, Cotarelo, Toni Soler, la tal Gallifantes, Pilar Rahola, Lluís Llach, Bernat Castro…etc, que se dedican a potenciar estos estereotipos, cuando no a difundir el odio hacia España directamente.

Lluís Llach con motivo de la manifestación a favor de la unión con España del 8 de Octubre: “Vaciemos las calles de Barcelona. Que los buitres no encuentren alimento”

Aunque se trate de agresiones verbales, su persistencia en el tiempo y calculada vileza daña enormemente la imagen y la autoestima de la gente. No todo el mundo sabe captar las trampas de un discurso. No todo el mundo puede discernir lo falso de lo cierto, lo manipulado, lo tergiversado, lo omitido, la propaganda en definitiva. Y eso es lo que tenemos en Cataluña actualmente: una sartén muy sucia, sucia de xenofobia y de intolerancia, donde la vileza prevalece y se potencia desde el poder. Cuando esto sucede, querido Pedro Sánchez, mirar para otro lado, en política, es muy grave. Como lo es esperar a que amaine. Rajoy lo sabe bien. Cuando huímos de los problemas, no sólo nos persiguen, a menudo nos acaban explotando en la cara.

Contra la intolerancia

Para bien y para mal, tengo ya unos añitos. Mi familia se instaló aquí hace un siglo y he vivido en mi querido Maresme toda la vida. Amo a esta tierra,  su cultura, sus paisajes y su lengua es la mía, junto con el castellano. Pero lo que está sucediendo en estos tiempos no se puede tolerar. Esta ha sido siempre una tierra de paz, de negociación, de entendimiento. Nunca el odio se abrió paso: aquí no habían enemigos, como no los hay ahora, aunque haya quien necesite crearlos.

Este Procés no puede prosperar porque está basado en mentiras interesadas, en la difusión del odio y en el desprecio y menoscabo de otros pueblos de España. Yo no sé si algún día España cambiará políticamente, si nos organizaremos de forma distinta. Valga decir que soy partidaria de derribar fronteras y tender puentes, aunque esto no esté de moda en los tiempos que corren. Pero lo que tenga que suceder, sucederá y habré de aceptarlo, pero no así. No de esta manera. Estamos en manos de piratas, de gente sin escrúpulos a quienes no les importa lanzar a la gente a pelearse en las calles o en las plazas, a señalarse unos a otros y a querer echar de la tierra a “los que no se adaptan”. Sinvergüenzas que reniegan del fascismo, atribuyéndolo a otros, cuando ellos lo piensan y lo practican todos los días.

Cataluña nunca fue xenófoba y hoy lo está empezando a ser. Cataluña nunca fue intolerante y hoy amaga con serlo. Cataluña ha vivido 40 años libre de totalitarismo y últimamente vemos asomar en el horizonte su oscura y amenazadora silueta. Sólo podremos parar esta dinámica maligna desde la conciencia, cada uno aportando desde su ámbito: los ciudadanos en el ámbito de lo personal y de la convivencia, Pedro Sánchez, su gobierno y los partidos políticos implicándose a fondo desde su responsabilidad política y administrativa. Toda la sociedad unida frente a quienes esperan cobrar su beneficio a base de romper, de incendiar, de dividir, de desestabilizar.

Detritus triunfante en medio de Astérix y Obélix, amigos de toda la vida enfrentados, contemplados por un apenado perro Idéfix
(Portada de La Cizaña)

Esos que me recuerdan tremendamente a un inquietante personaje que impactó mi memoria infantil, un tal Detritus, del único libro de Astérix que, curiosamente, nunca me hizo reir, sino todo lo contrario: La Cizaña.

Vista de El Maresme (Barcelona)

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