Las malas noticias
Son ya muchas las ocasiones en que doy un portazo al mundo y me encierro en mi despacho. Sin prensa, sin televisión, sin radio, sin noticias, mi vida es bastante mejor. Constato que los medios de comunicación continúan con esa nefasta tendencia a inundarnos de malas noticias, siguiendo al dedillo el viejo lema de que lo bueno no es noticia o no es tan noticia como lo negativo o lo catastrófico y es tanto así, que leer la prensa o encender la televisión es lo más parecido a abrir una caja de Pandora desde la que, en un instante, te pueden saltar al cuello las imágenes e historias más aterradoras y espeluznantes.Los telediarios se me figuran demasiado a menudo una competente película de terror transmutada en telerealidad. Mi pregunta es: ¿a quien va destinada tanta información nefasta?, ¿a un público fundamentalmente morboso?, ¿de verdad creen los gurús de los mass media que eso es lo que la gente quiere, espera o desea?…
En particular, cuando observo que ahí afuera las cosas van mal, o muy mal, me siento empequeñecer…¿qué puedo hacer? - me pregunto. Ya quedan lejos los años en los que estaba convencida de que las nuevas generaciones íbamos a arreglarlo todo; esos tiempos en que nos creíamos más listos que nuestros mayores, cuando, convencidos de que la humanidad aprendería de sus errores históricos, pensábamos que el futuro, sin duda alguna, sería mucho mejor. Ahora es al contrario, a pesar de los avances innegables a nivel tecnológico, son muchos los claroscuros y las señales de involución que nos llenan de dudas respecto a lo que está por venir y los responsables de los telediarios y las agencias de noticias no hacen sino acrecentarlas.
Quizás por todo ello, poco a poco, me he ido aislando, mi mundo se ha ido haciendo un poco más pequeño, mis metas más cortas y he ido descubriendo el placer de hacer pequeñas cosas, con unos resultados limitados a mi entorno más cercano que, sin embargo, me han proporcionado sentimientos grandes. Aquí, en este Bazar de tiendas y escaparates de sedas, pendientes de plata y aguamarinas, flores de azafrán y fragancias de rosas, veo los resultados de cada una de mis acciones. Son pequeñas realizaciones que alimentan mi optimismo para creer y continuar.
El ejemplo de Chile
Una tragedia humana, una mina que se derrumba sepultando a 33 hombres a más de 700 m. de profundidad, una trampa mortal que hace temer a todos lo peor. Y a los quince días, cuando la opinión pública empieza ya a resignarse de que habrá que sumar una nueva tragedia a los anales de la historia minera, emerge desde el fondo de la tierra una señal de vida: “Estamos vivos los 33”.
El mundo entero, esperanzado, volvimos la mirada hacia San José, conteniendo la respiración. Había una extraordinaria buena noticia en ciernes. Allá abajo había vida, aún podía hacerse algo, estábamos ante la oportunidad y el reto inmenso de ganar la batalla a una muerte segura. Es cierto que hay noticias relacionadas con el esfuerzo, con el tesón, con la supervivencia, pero pocas veces ha sido una tarea tan enorme la que se ha tenido que acometer para lograr el único resultado deseado.
Esta vez, los telediarios nos han hecho testigos de cómo la tecnología, el ingenio, el trabajo y el empeño se han destinado a salvar vidas y no podemos dejar de preguntarnos por qué no ocurre así siempre. Salvar, colaborar, construir, crear, frente a matar, destruir, abandonar, obstaculizar…
Son muchas las lecciones magistrales que Chile nos ha dado en unos meses a todos los países, a los gobiernos y ciudadanos del mundo en los umbrales de este siglo XXI: resistencia, esperanza, trabajo, ingenio, colaboración, solidaridad, tecnología, creatividad.
Los chilenos nos han enseñado que cada uno de nosotros, desde nuestro Bazar o rincón personal, desde ese carril, esa autopista, autovía, carretera primaria o secundaria en la que nos ha puesto la vida podemos aportar para lograr, no una, sino muchas buenas noticias que nos hagan avanzar, creer, ser optimistas y convencernos de que caminamos hacia un mundo mejor, hacia esa utopía en la que los jóvenes sueñan.
Por ello: gracias Chile, gracias chilenos, por instalar ese Campamento Esperanza en el desierto, que perdurará siempre en nuestros corazones. Gracias por habernos permitido vivir y disfrutar de esa buena y gratificante noticia, una noticia terapéutica, una de las mejores noticias jamás contadas.
Quizás era ésta la noticia que necesitábamos para saber que hay futuro, a pesar de las peores amenazas y adversidades y que ese futuro, depende sólo de nosotros.
Najmah


Hello
Is it alright if I go a bit off topic? I’m trying to read your site on my iPad but it doesn’t display properly, any suggestions? Thanks in advance! Kiesha x 
sorry I do not know where’s the problem and try to solve it! thanks kiesha!
Si fue algo emocionante y creo que ha sido un ejemplo de lo que se consigue cooperando. pero desgraciadamente son mas las noticias de terrorismo y guerras por eso esta fue tan bien recibida.