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Barei: Todo Empieza Ahora

Eurovisión: un Expediente X para los españoles, que a pesar, de no conseguir escalar puestos en las clasificaciones, no deja de desvelarnos en los últimos años la existencia de grandes artistas que, lejos de morir profesionalmente en el intento, empiezan carreras de éxito tras el festival.

Si miran unos posts más atrás de nuestra revista, podrán ver que aquí hicimos campaña decidida por Xuso Jones para ir a Eurovisión (la volveremos a hacer para el año que viene) y dejamos a la que finalmente salió elegida en el concurso, la cantante madrileña Barei, en segundo lugar de nuestras preferencias. La canción nos gustaba mucho, sí, pero temíamos que pudiera despeñarse en la clasificación por cualquier detalle menor que ha hecho a muchas buenísimas canciones correr esta misma suerte. No hacemos referencia a este comentario porque el tiempo nos haya dado la razón, sino precisamente, al contrario, porque, en lo fundamental, nos la ha quitado.

Cuando hicimos este comentario sólo conocíamos a Barei por una foto distribuida por su productora de entonces y se nos antojó algo así como una diva del soul algo trasnochada con ínfulas de cantar al estilo motown, vamos, una apuesta bastante anacrónica y fuera de contexto. Esa es la verdad y lo reconocemos honestamente. Pero el día en que vimos salir a Barei por primera vez al escenario en Objetivo Eurovisión vimos a una niña – que no muñeca – que irrumpía en como una brisa fresca de pop soul, en una línea alternativa- urbana, con una personalidad muy definida y las ideas muy claras, combinando perfectamente el talento con la cercanía y el desparpajo. Su directo fue determinante para llevarse al público de calle y la canción «SAY YAI», compuesta por ella misma, arrasó y se ganó merecidamente el pase al mayor espectáculo televisivo de Europa y probablemente, en el top five de los más grandes a nivel mundial.

A partir de ahí, Barei inició un camino de tres meses absolutamente frenético para llega a la final del sábado y somos testigos de que todos – y cuando decimos todos es todos – los eurofans de YOUTUBE colocaban el SAY YAI de Barei en el top five o top ten (éste con menor frecuencia) cuando no el número 1 directamente (muy a menudo). Y esta tónica se mantuvo durante todas las semanas previas a Eurovisión: Barei era una de las favoritas para ganar hasta el momento en que realizó los primeros ensayos en Estocolmo.

Creemos que ahí está la auténtica clave de la clasificación de la española: la apuesta escenográfica no fue la adecuada, y quizás ahí Barei debió contar con algo más de asesoramiento del que ha contado, sin que por ello quedara coartada su libertad artística. Una simple cuestión de equilibrio y ahí RTVE debió de emplear la mano izquierda que la situación requería. Hay que estar, a veces sin que se note mucho, pero estar. Eurovisión es eso: música y un espectáculo visual al mismo tiempo, que necesita captar la atención de la audiencia en apenas tres minutos. Barei llevaba el primer apartado muy bien resuelto a nivel de canción e interpretación, pero lo segundo quizás decepcionó a los influencers y casas de apuestas que son bastante determinantes a la hora del televoto. Hablamos de los días previos a la final.

Es posible, pues, que en esa semana en que se celebraban las semifinales las posibilidades de Barei se hundieran realmente entre la euforia que desataron parafernalias alucinantes como la del representante ruso (a nosotros los efectos digitales nos parecieron sinceramente demasiado, como si tratara de eclipsar a una canción que era en realidad justita) o la de Armenia, con efectos parecidos a un terremoto.

Pero la actuación de la española el sábado 14 de mayo en el puesto 19 fue literalmente una fiesta que enardeció al público (se podía escuchar a la gente cantando el SAY YAI durante toda la actuación, lo nunca visto y aún así la canción sonó como nunca con nuevos arreglos muy acertados) y la valoración de España en las apuestas recuperó el puesto que no debió haber dejado nunca. Quizás demasiado tarde para que la decisión de voto de los jurados cambiara, si ya tenían la decisión tomada a lo largo de la semana. En el caso del televoto, la cuestión es mucho más oscura porque no sabemos a ciencia cierta con qué criterios distribuyeron los puntos.

De hecho, el nuevo sistema de votaciones, si bien no se hace tan pesado como el anterior, deja dudas razonables sobre su funcionamiento e imparcialidad. Para más inri, el momento final se dirimió entre dos países que están técnicamente en guerra, Rusia y Ucrania y con un tercero que estuvo a punto de llevárselo (si no es porque lo evitó el televoto). Hablamos de Australia un país que, europeo, europeo no es. Aunque tampoco pondríamos la mano en el fuego porque no acaben participando en Eurovisión Estados Unidos, Canadá o incluso China vete tú  a saber. De momento lo ven en directo y así se empieza…

Sólo apuntar que el hecho de que ganara Ucrania con la descomunal Jamala, rindiendo homenaje a la inmensa tragedia vivida por su abuela (una entre el casi medio millón de tártaros de Crimea deportados por Stalin en 1944) es un hecho altamente significativo en un momento en que cientos de miles de refugiados «deportados» de Siria por una guerra espantosa ponen a prueba los valores europeos de la solidaridad y la defensa de las libertades. Se ha hablado de que había política en la candidatura de Ucrania: nosotros entendemos esta victoria como una expresión de una Europa que quiere ser más social y humana, más que política.

Y es que»1944″ es una canción que ya nos puso los pelos de punta la primera vez que la escuchamos (aún sin entender lo que decía, ya que las primeras versiones non incluían ningún fragmento en inglés). Pero es que a Jamala no hace falta entenderla, comunica directamente con su extraordinaria voz , es un talento de mujer, una maravilla y su apuesta de presentarse a un festival de Eurovisión con una canción de este tipo, fusionando vanguardia, soul y ritmos y acordes orientales, ha sido valiente y acertadísima. Tanto ella como Amir, «El Encantador», ese representante de Francia que lleva el reflejo del mar en los ojos, con su canción «J’ai cherché» eran nuestros favoritos. Pero digamos que en general, el nivel del festival este año ha sido altísimo: Chipre, Israel, Italia, Suecia, Malta e incluso gente que no se clasificó para la final como Montenegro, Islandia, Grecia o Macedonia pudieron haber estado compitiendo el sábado perfectamente con el resto.

En conclusión, Eurovisión presenta muchísimas incógnitas sobre su operativa y sobre la justicia de sus resultados. Diríamos que en eso no ha logrado evolucionar en la medida en que lo ha hecho musical y tecnológicamente, pero su atractivo como cita de entretenimiento europeo y mundial es indudable. Y cada año va a más (los frikies de antaño están ya todos en el IMSERSO).

Barei repetía nada más terminar el festival que «ese número» de su clasificación iba a quedar para siempre en la memoria de la gente. Para nada. Nos queda su energía, esa chispa de sus ojos y esa genuina simpatía que la hacen tan especial y querida y, por supuesto, esa canción que va a sonar muchísimo (ojalá que con los mismos extraordinarios arreglos que sonaron el sábado), no sólo en España, sino en toda Europa y puede que más allá. Sí, apunten Vds, porque lo decimos y así lo creemos. La historia del SAY YAI no se ha terminado. Al contrario, como le dijo Ruth Lorenzo muy convencida tras el festival: «Barei, créeme: todo empieza ahora».

 

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Solomirar.com es una revista digital independiente creada en 2010.

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