}

Banderas

De repente, banderas. Banderas por todas partes, con estrellas, sin estrellas, colgadas de ventanas, ondeantes en terrazas y balcones. Han aflorado banderas como las flores en primavera tras la lluvia.  Alguien podría pensar que se trata de una fiesta o de un triunfo deportivo pero … no es el caso. Lamentablemente. Vistas con distancia, las banderas son llamativos y hermosos trozos de tela con franjas de colores que simbolizan, en el mejor de los casos, un amor, una pasión, una motivación, o la defensa de un valor universal. En el peor, una amenaza, un posicionamiento en contra de algo o de alguien.

A muchos, las banderas nos retrotraen al pasado, a épocas remotas (o más recientes) de guerras, cruzadas y patrioterismos. Nos ocurre a quienes crecimos en la agonía de una dictadura, en pleno ambiente “flower-power”, progre-idealista, en tiempos felices de ilusión por el futuro, de canciones que irradiaban optimismo, libertad, la esperanza de un mundo mejor; fueron días sublimes en lo creativo en los que los jóvenes alimentaban el sueño de romper barreras, fronteras, superar prejuicios de origen, raza, creencias, con la convicción de que ya nunca se darían pasos atrás, de que los movimientos reaccionarios caerían uno tras otro, como castillos de naipes.

Pero el tiempo pasa, discurren etapas, generaciones y de repente…banderas.

Banderas en un país que para muchos simbolizaba la integración, el cosmopolitismo, el respeto a la diversidad, siempre desde una fuerte personalidad propia. En Catalunya, para los inmigrantes y sus hijos, apenas nunca hubo sombras. Tan sólo algún comentario despectivo de quienes desprecian lo que no conocen y más aún, si eso que desconocen se relaciona con la pobreza. El desconocimiento engendra los tópicos y la caricatura al respecto de culturas y civilizaciones que son absolutamente poliédricas y heterogéneas, en un trayecto de ida y vuelta, porque, normalmente, el desconocimiento es mutuo.

Pero todo esto eran, en definitiva, cosas sin demasiada importancia que habían ido quedando sepultadas por quienes sentíamos el orgullo de poder vivir e integrar en una misma identidad personal dos culturas tan potentes como la catalana y la española; la experiencia única de hablar y sentir y pensar, de interiorizar, en definitiva, dos idiomas como propios.

Y de repente, banderas y algo de inquietud. ¿Por qué?. Porque las banderas proliferan como nunca antes lo habían hecho en tiempos muy difíciles y ante un horizonte incierto. Se escucha a los prohombres mezclar argumentos de enfrentamientos, incomprensión y desencuentros contables; y dicen escuchar el “clamor del pueblo” por la independencia. Esos mismos prohombres que, tan sólo unos meses atrás, desoyeron a quienes protestaban por los recortes de los derechos en sanidad y educación de las clases más desfavorecidas.

Las banderas, dicen, afirman un “sentimiento colectivo”. Lo dicen y es cierto que lo afirman. Como también es cierto que niegan el sentir de otros que albergan un sentimiento compartido de pertenencia a Catalunya y España, dos culturas complementarias que los políticos se empeñan en enfrentar. El independentismo es excluyente y unilateral, por mucho que los gabinetes de relaciones públicas del gobierno de Convergència insistan todo lo que pueden en que se trata de una afirmación “en positivo”, en que esto no es en contra nadie. ¿No lo es?. Si Catalunya se desvincula de España, ¿en qué lugar quedarán estos otros catalanes? ¿deberán olvidar o negar su otra identidad? ¿tendrán que formar una minoría cultural o étnica para defender sus intereses? ¿serán extranjeros en su propia tierra?.

Temores irracionales dirán algunos. Quizás, pero también es irracional el nacionalismo. Y también lo son las banderas. Sólo cabe esperar que esta vorágine no nos arranque de las manos aquéllos valores que tuvimos la suerte de atesorar en la niñez. Todo aquéllo en lo que creímos y que poco tenía que ver con la unidad o la independencia de los estados y las administraciones. Porque entonces teníamos claro que los objetivos del poder no coinciden con los de los pueblos, que son la justicia social y la solidaridad, unos valores que compartimos con las tribus más ancestrales de cualquier lugar del mundo, porque son universales.

Y ahora, precisamente, cuando debíamos tenerlo más claro: banderas.

Pero… ¿cuándo regresarán las flores?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cris

 

About Solomirar.com

Solomirar.com es una revista digital independiente creada en 2010.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Close
Por favor, si te gustan nuestros contenidos
apoya nuestra web agregándonos a tus redes